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Contra la explotación sexual comercial, ¿contamos contigo?

Contra la explotación sexual comercial, ¿contamos contigo?

Actuamos julio 29, 2019
En los últimos años, El Alto ha dejado de ser la ciudad “intermedia” antes de llegar a La Paz. Hoy no solo se distingue por tener uno de los aeropuertos más transitados del país, o por haber sido el epicentro de una de las movilizaciones sociales y políticas más importantes de Bolivia en los últimos años, sino porque también es uno de los motores del crecimiento económico del país.
 
El Alto crece ante los propios ojos de los visitantes. Es una especie de gran hormiguero humano con miles de personas construyendo edificios de uso múltiple, nuevas calles, tendidos eléctricos, instalando tuberías de agua potable y conexiones de alcantarillado, levantado casas familiares y los famosos “cholets”, símbolo de la nueva arquitectura y de los nuevos ricos.
 
Para sostener ese desenfreno de crecimiento se necesita mucha mano de obra, lo que convierte a El Alto en un destino prioritario para la migración interna y en la esperanza de mucha gente para mejorar, y hasta salir de su condición de pobreza. Hasta ahí todo está muy bien.
 

Explotación sexual comercial

Pero El Alto no es solo eso, hay también sitios donde entran y salen, fundamentalmente, hombres; en esos lugares hay explotación sexual comercial, y cuando hay filas es porque llegó una nueva víctima de ese flagelo, quien también, en muchas ocasiones, puede ser una niña. Estos espacios ya suelen pasar por naturales, y ha habido hasta autoridades que los ven bien porque sino esos hombres andarían violando mujeres y niñas, lo que naturaliza todas las violaciones de derechos que viven las víctimas y, muy importante, ayuda a alimentar ese mercado de cuerpos que sostiene, en buena medida, a la trata de personas.
 
Mencionamos El Alto para darle una connotación concreta, también porque hemos conocido de cerca su situación y, como Educo, apoyamos a una organización local que trabaja a favor de las víctimas. Pero, lo que describimos, puede ser igual en las fronteras de Bolivia con Brasil y Perú, también como parte del fenómeno migratorio que en estos momentos ocurre entre Centroamérica, México y Estados Unidos. Lo podemos ver también en los alrededores de los grandes planteles de zonas francas que proliferan en nuestros países, en las zonas mineras y hasta camuflado en la aparente felicidad que genera un local de recreación en una ciudad importante de cualquier país.
 

Cómo son las niñas o mujeres víctimas de trata

Centrándonos en la tipología de una niña o mujer víctima de trata y de explotación sexual comercial, lo más probable es que provenga de zonas del país con altos niveles de pobreza, de familias sin capacidad de generar condiciones de vida mínimamente dignas y que suelen ver en este tipo de negocio una vía de escape a la precaria situación donde viven. 
 
Suelen ser niñas que no han estado nunca, o no han logrado continuar, dentro del sistema educativo y que sus expectativas de vida llegan hasta tratar de salir, a cualquier precio, del círculo de pobreza y violencia donde han vivido siempre. Aunque parezca increíble, muchas niñas y mujeres terminan siendo explotadas sexualmente porque sus propias familias las han puesto en manos de los victimarios y como resultado del engaño que envuelve a estos delitos. Suele hacerlo también la pareja producto de una unión a temprana edad o hay quien aduce, erróneamente, que una niña está en esa situación por voluntad propia.
 
Hay personas especializadas en captar a posibles víctimas y, contra toda aparente lógica, cada día más mujeres asumen ese rol. La razón es muy sencilla: está más aceptado socialmente poner en manos de una mujer la suerte de una niña u otra mujer; incluso, la propia víctima puede aceptar más fácilmente el dejar el hogar para irse con una mujer a trabajar donde le estan ofreciendo un empleo que al final no es tal. Esto implica que la única fase de la trata donde las mujeres tienen algún poder es la de reclutamiento de víctimas, pero ese poder se origina de la utilización de lo que socialmente se liga con ser una mujer, lo que las hace también víctimas de un sistema perverso de consumo y utilización de sus iguales. E, indudablemente, en esto influye también que las campañas sobre el tema se han centrado en hacer ver al hombre como enemigo único, lo que impide conocer la magnitud del problema.
 

El negocio de la trata junto a otros negocios ilícitos

Hay otro elemento que complejiza mucho la situación: el negocio de la trata se mezcla con otros negocios ilícitos como la droga, el tráfico de personas, la migración irregular y el fin no solo es la explotación sexual comercial; también es realizar trabajos forzados, para tráfico de órganos, reclutamiento para conflictos armados, matrimonios forzados, etc. Como es lógico, sobre todos estos temas hay carencias enormes de datos fidedignos y lo que las estadísticas muestran son solo una pequeña parte de un fenómeno más grande.
 
En base a la información que existe, el 70% de las víctimas totales de la trata a nivel global son mujeres y niñas, quienes, también, son víctimas de explotación sexual comercial en la mayoría de los casos. Estos números reflejan, no solo, lo poco que hacen los Estados a favor de las mujeres y niñas, sino también cómo las sociedades en general aún las tratamos de una manera muy alejada de lo que en materia de Derechos Humanos está reconocido.
 
Además del problema que hay para conocer los números reales de víctimas, toda esta vergüenza social se manifiesta claramente en la clásica figura de “embudo” que se forma al contabilizar la cantidad de víctimas de estos delitos versus las que entran al sistema judicial y las que logran, con más suerte que justicia, que su caso termine en una condena firme contra el victimario. A medida que se avanza, desde las denuncias hasta las sentencias, los números van disminuyendo drásticamente, esta realidad perpetúa una cultura de impunidad de proporciones gigantescas que, ligado a lo dicho anteriormente, se puede resumir en: “Inoperancia del Estado, más indiferencia de la sociedad, es igual a impunidad”.
 
Más allá de los datos anteriores, cada día se cobra más conciencia y empieza a aparecer información sobre niños y hombres víctimas de trata, incluyendo explotación sexual comercial. A modo de ejemplo: en 2015, el 22% de menores de 18 años víctimas de trata eran niños, ya para 2016 se llega al 26%. Además, sobre los varones pesa el estigma de que reconocer ser víctima de explotación sexual pasa por mostrar que han tenido, en la inmensa mayoría de los casos, relaciones sexuales con otro hombre, lo que hace que se esfuercen más por esconder su situación y se llega al punto de pedir ayuda solo si padecen una enfermedad de transmisión sexual. Finalmente, los avances en protocolos de captación, atención y reinserción social son, mayormente, para tratar a mujeres y niñas.
 

Qué hacer ante el problema de la trata

Es innegable que los Estados, a título individual y como parte de las instancias internacionales, tienen una deuda enorme para iniciar un camino consistente para acabar con esta clara violación de derechos. Un ejemplo concreto es garantizar el acceso a la justicia de las víctimas y que la figura del embudo empiece a quedar en el pasado.
 
Pero nosotros también en nuestro día a día podemos hacer algo. Ante todo, hay que informarse, hay que conocer las vías de captación de víctimas, actualizarnos del nuevo rol de las redes sociales en el tema, hay que escribir, hay que hablarlo, hay que hacerlo notar por cualquier vía, hay que averiguar las formas seguras por las que se puede tramitar una sospecha o hacer una denuncia, en caso de que se tengan las evidencias claras o una simple sospecha. De no existir esos mecanismos, hay que exigir a los Gobiernos que los habiliten porque es tan importante y apegado a derechos como tener agua o servicios de salud.
 
De igual forma, podemos educar a otras personas adultas, y tiene que ser parte de la educación que le damos a nuestros hijos e hijas y en un doble sentido: para evitar que sean víctimas o para que como adultos no sean victimarios. En este tema cobra una importante relevancia la educación hacia hombres y niños, partiendo de como ir cambiando la concepción que se tiene de las niñas y mujeres, quienes son, por mucho, las principales víctimas. Muy importante es no ver el problema como algo que solo le puede ocurrir a los demás, hay que prestar atención a comportamientos fuera de lo normal de sus familiares, u otras personas cercanas a su entorno, porque pueden estar en riesgo o ya ser víctimas.
 

Actúa contra la trata de personas

Algo que también podemos hacer es colaborar directamente con las instituciones que trabajan por prevenir y erradicar esta horrenda forma de violencia. En muchos contextos, son las organizaciones de la sociedad civil las que estamos ayudando de manera más consistente a la prevención, atención, reinserción social de víctimas e incidencia con los Gobiernos. Le sugerimos que escriba en su buscador de Internet favorito la frase “lucha contra la explotación sexual comercial” más el nombre de su país y de inmediato tendrá varias opciones para informarse de qué hacen estas organizaciones y ver cómo puede apoyar.
 
Finalmente, hacer realidad cualquier derecho humano es una especie de conspiración buena de toda la sociedad, el ser cómplices no tiene que ser patrimonio de las malas causas. Es indudable que esto incluye el derecho de vivir libre de violencia, como la explotación sexual comercial, por lo que necesitamos de una conspiración social de este tipo. ¿Contamos contigo? Colabora: https://www.educo.org/dia-mundial-trata

 
Reinaldo Plasencia
Coordinador de Calidad de Programas para América
Actuamos julio 29, 2019

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