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Volver a empezar lejos de casa

diciembre 28, 2020
El Salvador es un país amenazado por diversos riesgos naturales, pero también humanos, como la violencia y criminalidad. La tasa de homicidios anuales ronda las 60 víctimas mortales por cada 100 mil habitantes y la cifra de feminicidios en 2016 fue más de 15 por 100 mil, unas cifras que lo colocan entre los países más violentos del mundo. Amenazas a la vida, extorsiones y presión hacia los adolescentes y los jóvenes para unirse a pandillas de delincuencia acaban provocando el desplazamiento de la familia entera hacia otras zonas del país e incluso hacia otros países.

La extrema violencia que ha experimentado el país en las últimas décadas ha provocado un aumento en la movilidad humana, sobre todo respecto al número de desplazados internos en la región. Las personas que se desplazan pertenecen en gran medida a grupos en situación de vulnerabilidad: niñas, niños y adolescentes no acompañados y mujeres que se movilizan junto a sus hijos pequeños.

Las víctimas se ven afectadas en el ejercicio de sus derechos, mientras los graves daños físicos, materiales, sociales y psicológicos a los que han sido expuestas quedan sin respuesta oficial. Las instituciones gubernamentales cuentan con poca capacidad de respuesta, desbordadas por el fenómeno de la violencia.

Una mano amiga tras la violencia


Ante esta realidad, trabajamos junto con la Fundación Plan El Salvador y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), con el objetivo de proteger y prestar asistencia a las víctimas desplazadas a causa de la violencia con especial atención hacia niños, niñas y adolescentes y sus familias en seis departamentos de El Salvador: La Libertad, Chalatenango, Cabañas, Usulután, San Salvador y Morazán.

En total, 1.500 niños y niñas y sus familias están recibiendo a alimentos y otros productos de primera necesidad como detergente para la ropa y jabones para la higiene personal, pasta y cepillo de dientes, toallas, pañales y papel higiénico, entre otros; ropa y materiales escolares, acceso a sistemas de agua y saneamiento y apoyo para acceder a una vivienda, así como asistencia psicosocial y acompañamiento para la reinserción económica y escolar.

Por otra parte, las personas participan en actividades para visibilizar el impacto de los desplazamientos forzosos en su vida y conseguir así reforzar la atención que reciben. Este es el caso de Valentina: “Tuvimos que salir huyendo a causa de la violencia de las pandillas de donde teníamos más de 30 años de vivir… ¡toda una vida! Nos cambiamos de departamento y al principio fue muy complicado y triste porque no conocíamos a nadie. Fue muy doloroso. Lo único que me reconfortó fue que nos decían que aquí no nos iba a pasar nada. Ahora ya nos adaptamos, hemos vuelto a comenzar. No solo recibimos ayuda en un primer momento, sino que también he recibido capacitaciones y he podido emprender un negocio”.

“Con la pandemia nos hemos visto afectados, sobre todo porque soy diabética y es peligroso si enfermo. Pero estamos viendo cómo nos adaptamos. Haremos las ventas por teléfono y las llevaremos a domicilio. A la gente le gusta el producto y me están pidiendo que siga”, cuenta emocionada Valentina.

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Daniel tiene 10 años y vive en situación de desplazamiento forzado interno debido a que su tía de 16 años fue víctima de violencia sexual por parte de pandilleros. Cuando acudieron a denunciar ante las autoridades fueron amenazados: si no retiraban la denuncia toda su familia sería asesinada. Hace un año la madre de Daniel falleció con solo 24 años debido a un paro cardiaco debido, en parte, según los médicos, al estrés por el desplazamiento.

María, de 11 años, tuvo que huir de su comunidad debido a que sus padres fueron golpeados y amenazados por pandilleros. Tiene tres hermanos y con el apoyo del proyecto han logrado cubrir sus necesidades de alimentación e higiene. También recibieron ayuda para reinsertarse al sistema educativo y la Oficina Local de Atención a Víctimas en situación de Desplazamiento Forzado Interno les brindó asesoría jurídica para poder denunciar la situación que afecta a su familia.

Profesionales de Psicología del Ministerio de Salud, Oficinas Locales de Atención a Víctimas del Ministerio de Seguridad, Fiscalía General de la República, Ciudad Mujer, Universidad de El Salvador, entre otros, fortalecen sus capacidades para brindar atención psicosocial a personas en situación de desplazamiento forzado Interno.

Familias desplazadas reciben asesoría para poner en marcha iniciativas de recuperación económica.

Si quieres conocer más sobre los desplazamientos internos y nuestro proyecto en El Salvador te invitamos a que mires este vídeo:



 

coronavirus , desplazamiento forzado interno , El Salvador , migraciones

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