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Millones de niños y niñas son obligados a trabajar o casarse por las consecuencias de la COVID-19

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Cuando la COVID-19 cierra las escuelas, muchos niños y niñas tienen que ponerse a trabajar y muchas niñas son obligadas a casarse

La crisis económica generada por el coronavirus y el cierre de los colegios en todo el mundo provoca que muchas familias vulnerables, desesperadas por conseguir recursos para sobrevivir, pongan a sus hijos e hijas a trabajar o casen a las niñas para que sean sus maridos quienes se ocupen económicamente de ellas. Naciones Unidas calcula que como mínimo 24 millones de niños y niñas dejarán la escuela y varios millones serán absorbidos por el mundo del trabajo y alerta de que los matrimonios forzados de las niñas están aumentando tanto en África, como en Asia.

Mientras aquí debatimos sobre la efectividad de la educación a distancia, millones de niños y niñas no tienen ordenador ni internet y se quedan sin recibir educación. Son menores de 10 años, unos 150 millones, que tienen que trabajar, y muchos de ellos, casi la mitad, lo hacen en trabajos durísimos y peligrosos, como recolectar basura en los vertederos descalzos, manipular materiales inflamables, trabajar en minas de oro o incluso en talleres de metalurgia, todo ello sin ninguna protección. Es mano de obra barata. Así de sencillo y así de cruel.

Y las niñas sufren doblemente porque muchas de ellas, una de cada cinco en todo el mundo, son obligadas a casarse antes de los 18 años. 743 millones de ellas dejaron de asistir a la escuela durante el confinamiento, y hay muchas probabilidades de que nunca vuelvan al cole.

Se había conseguido muchos avances, pero la pandemia deshace años de trabajo en favor de la escolarización de los niños y las niñas.

Millones de niños y niñas son obligados a trabajar o casarse por las consecuencias de la pandemia

Qué hacemos para proteger a la infancia de las consecuencias de la COVID-19

La educación es la herramienta más poderosa para cambiar el mundo. No solo prepara a las personas para la vida, sino que es la vida en sí misma. La escuela debe ser el espacio de protección y bienestar donde los niños y las niñas vivan, crezcan y aprendan. En muchos de los países en los que trabajamos, ir a la escuela significa escapar del trabajo infantil, de los matrimonios y los embarazos precoces y de otros peligros para su integridad. Con nuestros proyectos, mejoramos sus condiciones de vida y les ofrecemos la oportunidad de volver a estudiar. Estas son algunas de nuestras acciones:

  • Trabajamos con las familias para luchar contra el trabajo y el matrimonio infantil y promover la escolarización de sus hijos e hijas.

  • Proporcionamos alimentos y útiles de higiene a las familias más vulnerables y les ofrecemos medios de sustento para que mejoren su economía.

  • Ofrecemos a niños y niñas trabajadores clases adaptadas a sus horarios y necesidades.

  • Fortalecemos la capacidad de la niñez para adoptar comportamientos de autoprotección y prevenir riesgos de violencia y explotación.

  • Trabajamos con el gobierno, la comunidad y las familias para concienciar sobre la importancia de la educación y detener posibles casos de matrimonio infantil.

Ellos nos lo cuentan

niño estudiando, Bangladesh

“No quiero trabajar. Quiero ir a la escuela”

Arif, 11 años

Bangladesh

Niña sonriendo

Estuvo a punto de contraer matrimonio con un hombre por voluntad de su padre al que conseguimos disuadir y hacerle cambiar de opinión para que su hija pudiera volver a la escuela. Maissiko quiere aprender alta costura y dirigir sus propio taller para no tener que depender de un hombre y dar una lección moral a su padre

Haciendo arroz

Debido a las serias complicaciones económicas que la COVID-19 causó en su familia, su tío sugirió casarla para que su futuro marido se ocupara de ella. Cuando la boda ya estaba casi organizada, logramos pararla, concienciando a su familia sobre la importancia de que las niñas continúen su educación.

Niña

Actualmente trabaja como distribuidor de leche en una granja, anteriormente como conductor de transporte público en Dhaka. Sueña con poder estudiar y ser mecánico algún día.

Niña

Trabaja en una fábrica de cepillos de dientes y ha tenido que dejar la escuela. Quiere seguir estudiando y crear su propia sastrería donde las viudas y las mujeres indigentes reciban formación para ser autosuficientes.

Haciendo arroz

En plena crisis COVID-19 tuvo que ponerse a trabajar en un restaurante para apoyar a su madre que perdió su trabajo. Gracias a la flexibilidad horaria y a la beca de Educo, Julia ha podido seguir estudiando. Su sueño es ser enfermera y está convencida de que lo va a conseguir.

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