A sus 92 años, Luisa Manso sigue demostrando que nunca es tarde para cambiar el mundo. Vive en Hellín, Albacete, y desde 2023 colabora con Educo, apadrinando a cuatro niños y niñas. Su compromiso y generosidad han contribuido a transformar la vida de muchos pequeños que hoy pueden soñar con un futuro mejor.
Luisa fue maestra en una época en la que no era común que las mujeres tuvieran la oportunidad de estudiar. Tal vez por eso, siempre ha tenido muy claro que la educación es la llave que abre las puertas del mañana. Con su apoyo, quiere ofrecer a niños y niñas que viven realidades muy diferentes la posibilidad de aprender, crecer y construir un presente y un futuro llenos de esperanza.
¿Recuerdas cómo conociste por primera vez a Educo y qué te llevó a decidir apadrinar?
No lo recuerdo exactamente, pero tengo todavía la foto de la primera niña que apadriné, que era de Guatemala. Desde el principio sentí mucha ilusión por poder apoyarla. A esa niña la tuve poco tiempo porque sus padres emigraron y empecé a apadrinar a otra. Tengo todas las fotos en un árbol.
A lo largo de los años seguro que has visto muchos cambios en el mundo, ¿qué te ha enseñado la vida sobre el valor de la educación?
La educación es un pilar muy importante para cualquier persona. La gente que no tiene educación, yo creo que no disfruta plenamente de la vida. Abre muchas puertas y te hace ver el mundo de otra manera, porque cuando una persona estudia, tiene más oportunidades y puede salir adelante. La educación hace posible que niños y niñas sean más felices.
Ahora tienes a cuatro niños apadrinados, ¿hay algún momento o carta que recuerdes con especial cariño?
Sí, recuerdo una carta muy bonita de una niña que me decía que quería ser maestra. Me sentí muy identificada con ella, porque yo también quise serlo desde pequeña. Le respondí con mucho cariño, deseándole que lograra su sueño.
¿Qué te inspira o emociona más cuando piensas en la infancia y en el futuro de los niños y las niñas del mundo?
Me da mucha tristeza ver la desigualdad que existe y cómo muchos niños y niñas no tienen las mismas oportunidades. Pienso en lo diferente que puede ser la vida solo por el lugar donde uno nace.
Si pudieras dar un consejo a las nuevas generaciones sobre la solidaridad o la empatía, ¿cuál sería?
Les diría que conozcan la realidad de otros países, que se informen y se pongan en el lugar de esos niños. Que entiendan cómo viven y aprendan a empatizar con ellos, porque su realidad es muy distinta a la nuestra. Y que ayuden a quienes más lo necesitan.
¿Qué sientes al saber que tu apoyo ha hecho posible que niños y niñas estudien y tengan más oportunidades?
Me llena de satisfacción saber que he podido ayudarles a ir a la escuela y tener más oportunidades. Yo tampoco lo tuve fácil para estudiar y ser maestra, así que sé lo que cuesta. Por eso, poder ayudarles me hace muy feliz. Por una enfermedad no pude ser madre y para mí es importante ayudar a niños y niñas que realmente lo necesitan.
A lo largo de tu vida, ¿ha habido alguna persona o experiencia que te haya marcado especialmente en tu forma de entender la ayuda a los demás?
Mi familia, sobre todo mi madre. Recuerdo que de pequeña me llevaba a un sitio donde había una hucha para ayudar a niños que lo pasaban mal. Era justo después de la guerra, una época muy dura, con mucha hambre.
Aun así, mi madre ayudaba a quien podía, porque sabía que siempre había alguien que lo estaba pasando peor. Al año 1941 le llamaban el año del hambre. Vivir aquello me enseñó a valorar las cosas importantes, ahorrar y ayudar siempre que puedo. Me marcó mucho y me hizo comprender lo que significa no tener nada.
Si pudieras escribir unas palabras para las personas que hoy se plantean colaborar con una causa solidaria, ¿qué les dirías?
Les diría que se pongan en el lugar de las personas que viven en países donde no hay las mismas oportunidades. Que piensen en unos padres que no pueden alimentar a sus hijos y comprendan lo importante que es que los niños y las niñas puedan ir a la escuela. También les diría que confíen. Si no se ayuda, nada llega. Cada uno puede contribuir dentro de sus posibilidades con la causa que más le conmueva.
A mí, apadrinar y colaborar con proyectos de infancia me llena mucho. Me hace sentir que devuelvo a otros niños y niñas las oportunidades que yo tuve, aunque me costaran. Y además, Educo me informa de cómo mi ayuda transforma sus vidas, y eso me da mucha alegría. Hay que confiar.
¡Muchas gracias, Luisa! Un abrazo muy fuerte y todo nuestro cariño desde Educo.
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