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Vivir sola con hijos: barreras y castigos

08 NOVIEMBRE,2019

La fotografía nos muestra un hogar conformado por una mujer y al menos un hijo o hija menor de 18 años a su cargo. Se trata del tipo de hogar con mayores posibilidades de sufrir pobreza y exclusión social en España. La situación se vuelve aún más inquietante al constatar un ritmo de involución en derechos y bienestar para estas familias.  
 
Atendiendo a los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida del INE, la pobreza se extiende a casi uno de cada dos (48,2%) de los hogares conformados por un adulto con hijos a cargo. Esto supone cerca de 20 puntos porcentuales más respecto a la situación de pobreza del total de hogares donde viven menores de 18 años, que se sitúa en el 29%.

La feminización de la pobreza es una realidad innegable en este tipo de familias. De los más de cinco millones de hogares donde viven menores de 18 años, un 7,2% son monoparentales, concretamente 376.963. De éstos, cerca de 9 de cada 10 -el 88%- está conformado por una mujer a cargo de uno o más menores de edad. Por este motivo nos referimos a este tipo de hogares como monomarentales.

Adentrándonos en indicadores más concretos de pobreza y exclusión vemos que en lo que respecta a la posibilidad de irse al menos una semana de vacaciones sólo uno de cada dos hogares con estas características puede hacerlo, un índice que ha aumentado en el último año del 46% al 50%.
 

La pobreza se extiende a casi uno de cada dos hogares formados por un adulto con hijos a cargo
 
En cuanto a no tener acceso a una alimentación adecuada (alimentos como carne, pollo o pescado cada dos días), los hogares monomarentales también se llevan la peor parte, con un 6,3%, casi tres puntos más que en el caso de los hogares donde viven dos adultos con menores de 18 años (3,5%)

Precariedad

Otra manera de medir la pobreza es analizar qué hogares pueden hacer frente a un imprevisto de 650 euros sin recurrir a créditos. Hablamos de la precariedad. El 57,2% de los hogares conformados por mujeres solas con hijos viven al día, es decir, sin poder hacer frente a imprevistos no planificados, como puede ser el arreglo de un electrodoméstico o pagar un tratamiento bucodental. Si comparamos con los hogares conformados por dos adultos con hijos menores a cargo, este indicador baja más de 20 puntos, hasta el 35,9%.
 
El 57,2% de los hogares conformados por mujeres solas con hijos viven al día, es decir, sin poder hacer frente a imprevistos no planificados
 
Ante este panorama que parece penalizar a las familias con hijos menores a cargo, no sorprende -aunque sí enciende todas las alarmas- que la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social haya aumentado 1,5 puntos en los hogares conformados por una persona adulta con hijos/as menores de 18 años, pasando de un 46,1 a un 47,6% en el último año, y mejorando tan sólo en 2,3 puntos porcentuales la situación respecto a 2013, que se extendía hasta un 49,9 % de este tipo de hogares. En el caso más específico de los hogares monomarentales, la situación se ha estancado en el 48,2%, mejorando tan sólo en 3,6 puntos respecto a la situación en 2013, que afectaba a un 51,8 % de este tipo de hogares.
 

Empleo y pobreza

Es innegable la estrecha relación que el bienestar de niños y niñas tiene con la situación laboral en sus familias. A pesar de que el empleo no es sinónimo de eludir la pobreza (el 13% de los trabajadores viven por debajo del umbral de pobreza, OIT, 2019), es innegable que la situación de paro genera una fuerte desprotección a distintos niveles y agudiza la exclusión social. Además de reducir opciones de bienestar material, el desempleo y la pobreza estrechan el “ancho de banda mental”, la capacidad de tomar decisiones correctas bajo la presión de la falta de recursos y de tiempo, lo que condiciona las posibilidades y expectativas futuras.
 
El 43% de los hogares en situación de pobreza tienen al menos una persona sin trabajo, buscando empleo de manera activa
 
Sumada a esta sensación de inquietud y agobio que los niños y niñas perciben en sus padres, el desempleo tiene evidentes efectos en el bienestar material de la infancia. La situación laboral presenta peores datos en los hogares donde viven uno o más adultos y niños/as menores de 18 años que en el promedio de todos los hogares. La tasa de pobreza monetaria (centrada exclusivamente en los ingresos económicos de las familias) en los hogares compuestos por un adulto con uno o más niños dependientes es del 42,9%, y del 23,2% en el caso de los hogares conformados por dos adultos con uno o más niños dependientes. En el lado opuesto, el de los hogares menos afectados por la pobreza, nos encontramos por los conformados por dos adultos sin niños dependientes (16,9%) y por otros hogares sin niños dependientes (14,8%)

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Es importante destacar que el 8% de los hogares en pobreza y exclusión social tiene a todos sus adultos en situación de desempleo, cobrando o no una prestación o ayuda por estar sin trabajo. Esto quiere decir que existen más de 110.000 hogares en los que viven niños y niñas en un entorno de pobreza y precariedad, en constante búsqueda de empleo y recursos, con la preocupación, inquietud y angustia que esta situación genera. A estos hogares hay que sumarles más de 520.000 donde hay al menos un adulto en paro; es decir, el 43% de los hogares en situación de pobreza tienen al menos una persona sin trabajo, buscando empleo de manera activa.   

¿Qué pedimos desde Educo?

El mismo diagnóstico que muestra esta cruda realidad para cientos de miles de familias y para más de dos millones de niñas y niños nos indica el camino para mejorar su situación y erradicar la pesada carga y la casi inevitable herencia de la pobreza.

El presente, como muestran los datos y la realidad del día a día, es duro para cientos de miles de familias y de más de dos millones de niños y niñas. Pero debemos mejorar las garantías para un ofrecer un mejor futuro y más expectativas para la infancia a partir de la conformación del nuevo Gobierno. En este sentido, algunas medidas concretas que pedimos desde Educo son el aumento de la inversión real en políticas de infancia hasta alcanzar el promedio del 2,4% del PIB; el incremento de la prestación universal por hijo a cargo hasta llegar a los 1.200 euros anuales, y el seguimiento y evaluación del impacto de las políticas de infancia llevadas a cabo. Queremos un

Queremos un Gobierno que no deje a la infancia atrás.

* Todos los datos contenidos en este artículo corresponden a información solicitada al Instituto Nacional de Estadística INE, 2019
 
** La Tasa AROPE mide los ingresos económicos, la intensidad laboral del hogar y otros nueve indicadores de carencia material, como la imposibilidad de comer carne, pollo o pescado cada dos días o la imposibilidad de irse de vacaciones con su familia al menos una semana al año
 
Derechos de imagen: freepik.com

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