A mitad de curso muchas familias empiezan a inquietarse por las notas. La idea de fracaso escolar continúa generando tensión y dudas. Nosotros lo vemos cada día en los centros educativos con los que trabajamos: madres y padres que temen que su hijo o hija “no llegue” y docentes que intentan sostener el ritmo de todo el grupo.
En nuestra ONG Educo sabemos que el fracaso escolar no es un destino inevitable. Con acompañamiento, una mirada amplia y apoyo emocional, cualquier niño o niña puede reconducir su aprendizaje. Por eso te explicamos qué significa realmente este concepto, por qué ocurre y qué podemos hacer juntos —familias, escuela y organizaciones como la nuestra— para prevenirlo.
Hablamos de fracaso escolar cuando un niño o una niña no alcanza los aprendizajes mínimos esperados para su edad o curso de manera sostenida. No se trata de un suspenso puntual, sino de una dificultad prolongada que frena su evolución.
Según Eurostat (2024), la tasa de abandono escolar temprano en España se sitúa en 13,1%, una de las más altas de Europa. La media europea ronda el 9,5%. También persiste la brecha de género: 15,4% en chicos frente a 10,7% en chicas. Aunque las cifras mejoran cada año, todavía estamos lejos de garantizar igualdad de oportunidades reales.
El bajo rendimiento tiene múltiples causas, y nuestra experiencia en centros educativos confirma que normalmente no aparece por un único motivo. Estos son los más habituales:
Una separación, un conflicto familiar, un duelo o la ansiedad afectan directamente a la capacidad de concentración. Cuando la vida emocional se tambalea, el aprendizaje también.
Hablamos de casos como:
Dislexia u otras dificultades de lectura y escritura.
Altas capacidades, que sin estímulos adecuados pueden derivar en aburrimiento y desconexión.
Problemas de visión o audición, que todavía se detectan tarde en muchas aulas.
La intervención temprana marca la diferencia, y lo vemos a diario.
El bullying continúa siendo un factor determinante. Un niño o una niña que sufre burlas, aislamiento o agresiones pierde seguridad, motivación y rendimiento.
Muchos alumnos nos explican que no entienden para qué sirve lo que estudian. Cuando no ven conexión con su vida real, aparece la desmotivación.
El TDAH o la falta de atención sostenida dificultan el seguimiento del ritmo escolar. No todos los casos son iguales y requieren valoración profesional.
La falta de sueño, la mala alimentación, la ansiedad o el exceso de pantallas impactan directamente en el rendimiento. En nuestras intervenciones lo observamos con frecuencia: cuando mejoran los hábitos, mejoran las notas.
Los niños y niñas necesitan estructuras claras. Sin horarios para estudiar, descansar y jugar, el aprendizaje pierde continuidad.
En muchos países miles de niños y niñas tienen que trabajar para contribuir a la economía familiar. Llegan cansados, faltan a clase y pronto abandonan. Con nuestras Becas Ella, apoyamos a adolescentes de El Salvador, Guatemala, Burkina Faso y Bangladesh para que sigan en la escuela y puedan terminar la secundaria.
Estas son las pautas que recomendamos y que aplicamos en nuestros programas:
1. Establezcamos una comunicación real: Escuchemos qué sienten, qué les preocupa y qué necesitan. Hablar abre la puerta a la solución.
2. Reforcemos sus talentos: Cuando un niño siente que es bueno en algo —dibujo, deporte, música, tecnología— aumenta su motivación y se engancha más fácilmente a las demás materias.
3. Garantizamos sueño y buena alimentación: El cerebro rinde mejor cuando descansa. Una norma útil: los dispositivos se quedan fuera de la habitación por la noche.
4. Consultemos con profesionales cuando sea necesario: Si sospechamos alguna dificultad de aprendizaje, pidamos orientación en el centro educativo o al pediatra. La intervención temprana evita problemas futuros.
5. Limitemos distracciones: Para estudiar hace falta un espacio sin móvil, consola o pantallas. La diferencia es inmediata.
6. Organicemos rutinas: Un horario sencillo funciona: llegar a casa, comer, descansar, estudiar y disfrutar del tiempo libre. La clave es la constancia.
7. Entrenemos la mente jugando: Sudokus, rompecabezas, juegos de memoria y puzzles fortalecen la atención y el razonamiento.
8. Cuidemos su autoestima: Evitemos comparaciones y etiquetas. Acompañemos con cariño y reconozcamos su esfuerzo, no solo sus resultados.
9. Leamos con ellos: La comprensión lectora es la base de cualquier aprendizaje. Un ratito de lectura compartida al día es un refuerzo natural.
En nuestra ONG Educo creemos que ningún niño o niña debe quedar excluido de su derecho a aprender. El fracaso escolar no es un final, sino una señal para actuar. Cuando familia, escuela y comunidad caminamos juntas, el camino cambia.
Si quieres ayudarnos a que más niños y niñas sigan estudiando, puedes sumarte a nuestra ONG. Cada apoyo cuenta.
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