Cuando Riton Kalindi tenía solo ocho meses, su madre dejó el hogar. Poco después, su padre volvió a formar una familia, pero aquella relación también terminó. Desde entonces, la vida de Riton transcurrió entre dificultades en los jardines de té de Sreemangal, en Bangladesh, una de las zonas más olvidadas del país.
En este artículo descubrirás cómo la educación en la primera infancia puede cambiar el futuro de un niño desde sus primeros años. Conocerás la historia de Riton y entenderás por qué el acceso a una educación de calidad resulta decisivo para romper el ciclo de la pobreza.
Y es que los primeros cinco años de vida son fundamentales para el desarrollo físico, cognitivo y emocional de la infancia, y la falta de estimulación y nutrición durante esta etapa puede tener consecuencias que duran toda la vida. La historia de Riton demuestra que, cuando una comunidad apuesta por la educación, las oportunidades también empiezan a crecer.
Los jardines de té y las zonas conocidas como haors concentran algunas de las comunidades con mayor pobreza de Bangladesh. Muchas familias sobreviven con trabajos temporales y tienen un acceso muy limitado a servicios básicos como la educación, la atención sanitaria o el saneamiento.
En el caso de Riton, la situación era todavía más complicada. Vivía con su padre, que sufría problemas de salud; su abuela, encargada de cuidarlo, y su tía Bedoni, una mujer con discapacidad física que mantenía a toda la familia gracias a un pequeño puesto de té junto a su casa.
La preocupación era constante. Riton enfermaba con frecuencia, apenas comía y casi no hablaba ni jugaba con otros niños. "Siempre estaba débil y no quería hablar ni jugar", recuerda su abuela.
Su desarrollo no seguía el ritmo de otros niños de su edad. Sin orientación sobre nutrición ni acceso a educación infantil, la familia hacía todo lo que podía, pero no era suficiente.
Todo empezó a cambiar cuando su abuela tomó una decisión: matricularlo en un centro de Desarrollo de la Primera Infancia de Educo cuando tenía tres años.
Al principio, Riton acudía de forma irregular. Se mostraba tímido y evitaba participar en las actividades. Sin embargo, las educadoras del centro no se rindieron. Gracias al acompañamiento diario y a las visitas periódicas a la familia, poco a poco empezó a sentirse seguro.
Este centro forma parte del proyecto Accessing Learning Opportunities to the Young, Adolescents and Livelihood Options for Women (ALOY-ALOW), impulsado por Educo Bangladesh junto a la organización IDEA y con financiación de ChildFund Korea. El proyecto dota a los centros educativos de materiales para aprender jugando y forma a las personas responsables de acompañar a la infancia en esta etapa tan importante.
Riton empezó a comunicarse con otros niños, descubrió el placer de dibujar, aprendió mediante el juego y mejoró su estado de salud. También ganó confianza en sí mismo.
"Ahora me gusta dibujar y jugar con mis amigos. La profesora siempre me ayudó. Me gusta ir a la escuela", explica Riton con una sonrisa.
La educación infantil no solo prepara para empezar la escuela primaria, también fortalece el desarrollo emocional, mejora las habilidades sociales y ayuda a detectar problemas de salud o nutrición desde edades muy tempranas.
Por eso, desde nuestra ONG Educo trabajamos junto a las familias y las comunidades para garantizar que ningún niño o niña quede fuera de esta etapa tan importante. Porque educar desde los primeros años significa ofrecer más oportunidades durante toda la vida. Así lo recoge también nuestro compromiso con una educación que protege, empodera y transforma la vida de la infancia.
En el caso de Riton, aquel primer paso abrió un camino completamente diferente. Hoy estudia segundo de primaria en la escuela pública de Jagcherra. Sus profesores destacan que es un niño creativo, amable y con muchas ganas de aprender. Cuida su higiene, participa en clase y disfruta con sus compañeros.
Hace unos años, su familia solo pensaba en cómo afrontar cada día. Ahora también habla de futuro. El cambio resulta evidente para quienes conocen a Riton desde pequeño: "La transformación de Riton es extraordinaria. El apoyo recibido por el centro de educación infantil ha marcado una gran diferencia", explica Anamika Goala, presidenta juvenil de Jagcherra Tea Garden.
Por su parte, Riton también tiene claro hacia dónde quiere ir: "cuando sea mayor quiero ser futbolista. También cuidaré de mi familia."
Sus palabras reflejan algo más que un sueño infantil. Hablan de un niño que ha recuperado la confianza para imaginar su futuro.
Historias como la suya recuerdan que la educación no consiste únicamente en aprender a leer o escribir. También ayuda a que un niño gane autoestima, descubra sus capacidades y encuentre un lugar donde sentirse protegido.
En comunidades donde durante años la infancia ha tenido muy pocas oportunidades, un aula puede convertirse en el primer espacio donde alguien escucha, acompaña y cree en cada niño.
Porque, cuando la educación llega a tiempo, también llegan las oportunidades, lo que se traduce en la posibilidad de tener una vida completamente distinta, una vida mucho mejor.
Bangladesh , derecho a la educación , educación , Educación infantil , Jardines de té , Pobreza
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