En muchos lugares del mundo damos por hecho que los niños y niñas acuden cada día a la escuela. Sin embargo, la realidad global sigue siendo muy distinta. Aunque el derecho a la educación está reconocido en la Convención sobre los Derechos del Niño, todavía cerca de 60 millones de niños y niñas en edad de primaria continúan fuera de la escuela, según estimaciones de UNESCO. Esta cifra nos recuerda que aún queda un enorme camino por recorrer.
Como organización que trabaja por la educación y la protección de la infancia, en Educo vemos cada día cómo este derecho se vulnera por múltiples causas. Por eso defendemos, impulsamos y acompañamos procesos educativos que garanticen igualdad de oportunidades para todos y todas.
A millones de niños y niñas se les niega este derecho fundamental por motivos que se repiten alrededor del mundo:
Pertenecen a minorías étnicas discriminadas.
Viven en pobreza extrema y deben trabajar desde pequeños para que su familia pueda sobrevivir.
Tienen una discapacidad y su entorno no cuenta con recursos para atenderles.
Crecen en países en guerra o en zonas donde los conflictos impiden la asistencia a la escuela.
Pero incluso cuando la escuela es accesible, persiste otro problema clave: la calidad educativa. En numerosos países, la falta de materiales, infraestructuras seguras o docentes formados provoca que muchos niños y niñas pasen por la escuela sin adquirir los conocimientos básicos.
En 2015, Naciones Unidas aprobó la Agenda 2030, un marco global con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). El ODS 4 se centra en garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover aprendizajes a lo largo de toda la vida.
Desde nuestra ONG Educo trabajamos directamente con este objetivo, porque creemos que la educación transforma vidas y construye sociedades más justas. Para alcanzarlo, la comunidad internacional estableció metas concretas:
Lograr que todos los niños y niñas finalicen la educación primaria y secundaria gratuita y de calidad.
Asegurar el acceso a servicios de desarrollo en la primera infancia y a una educación preescolar adecuada.
Garantizar igualdad en el acceso a la formación técnica, profesional y superior.
Incrementar el número de jóvenes y adultos con competencias para acceder a un empleo digno.
Eliminar desigualdades de género y asegurar que los grupos más vulnerables acceden a la educación.
Construir escuelas seguras, accesibles e inclusivas, también para niños y niñas con discapacidad.
Ampliar las becas disponibles para países en desarrollo.
Aumentar el número de docentes formados y cualificados.
Estas metas nos marcan un camino claro, pero también un reto inmenso.
El derecho a la educación no es solo un principio legal; es una herramienta poderosa que transforma realidades. Estas son algunas de las razones por las que lo consideramos esencial:
Aparece recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en la Convención sobre los Derechos del Niño y en la Agenda 2030. Lo defendemos porque es la base de todos los demás derechos.
En muchos países, especialmente en África y Asia, las niñas se casan demasiado pronto, dejan la escuela y pierden autonomía. La educación les da voz, conocimiento de sus derechos y la posibilidad de acceder a un empleo digno.
En la escuela se aprenden la igualdad, el respeto y la tolerancia. Sin educación no hay sociedades pacíficas ni inclusivas.
Una educación de calidad es la herramienta más eficaz para acceder a trabajos mejor remunerados. Por eso la defendemos como vía para romper ciclos de pobreza.
Cuanta más formación tiene la población, mayor es su productividad y mejor se desarrolla un país.
Las personas formadas comprenden la importancia de cuidar el medio ambiente. Por eso la educación es clave para la sostenibilidad.
Las madres que acceden a la educación reconocen mejor los signos de riesgo durante el embarazo y buscan atención sanitaria. La educación salva vidas.
Cuando los niños y niñas están en la escuela conocen sus derechos, se mantienen alejados del trabajo infantil y tienen herramientas para protegerse.

En nuestra ONG Educo trabajamos para que todos los niños y niñas vayan a la escuela y terminen, como mínimo, la educación primaria. Detrás de cada proyecto hay un rostro, una historia y un futuro que cambia.
Como Shuaila, en Bangladesh, que sueña con ser doctora gracias a las becas que recibe. O Carmen, en El Salvador, que demuestra cada día que la perseverancia abre caminos incluso en contextos de pobreza y violencia.
Ellas representan a miles de niños y niñas que acompañamos para que puedan estudiar, crecer y construir una vida más justa.
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