Tras los terremotos que golpearon Venezuela el pasado 24 de junio, niños, niñas y adolescentes regresan progresivamente a las aulas en algunas de las comunidades afectadas.
Desde Educo, junto con nuestra organización socia en Venezuela, CECODAP, acompañamos este proceso con una mirada que va más allá de la emergencia inmediata: escuchamos sus miedos, atendemos sus necesidades emocionales y trabajamos para que la escuela vuelva a ser un espacio seguro.
En este artículo te contamos cómo está siendo este regreso a las aulas en comunidades afectadas como Caraballeda, qué preocupaciones tiene el personal educativo y por qué la atención psicológica, la preparación ante nuevas emergencias y el acompañamiento del duelo son fundamentales para que la infancia pueda recuperar su bienestar y continuar aprendiendo.
3,9 millones de niños, niñas y adolescentes viven en las zonas afectadas por los terremotos. Los seísmos de magnitud 7,5 y 7,2 afectaron a Caracas y a los estados de Aragua, Carabobo, Falcón, La Guaira, Miranda y zonas cercanas. Fuente: UNICEF. UNICEF: Miles de niños y niñas en riesgo tras los fuertes terremotos que sacudieron Venezuela.
680.000 niños y niñas necesitan asistencia humanitaria. UNICEF estima que 1,8 millones de personas, entre ellas 680.000 niños y niñas, necesitan ayuda humanitaria tras los terremotos del 24 de junio. Fuente: UNICEF. UNICEF: 680.000 niños y niñas necesitan asistencia humanitaria tras los terremotos en Venezuela.
Educo y CECODAP acompañarán durante seis meses a 16.000 niños, niñas y sus familias. La respuesta incluye apoyo psicosocial, protección de la infancia, espacios seguros y acompañamiento a familias, profesorado y personas referentes de las comunidades. Fuente: Educo. Educo: Así respondemos en Venezuela para proteger a la infancia tras el terremoto.
La escuela también es un espacio de protección después de una emergencia. Además de permitir continuar con el aprendizaje, ofrece estabilidad, rutina y un lugar seguro donde la infancia puede volver a encontrarse con otras personas y recuperar parte de la normalidad. Fuente: Educo. Educo: Así respondemos en Venezuela para proteger a la infancia tras el terremoto.
Volver a la escuela después de un terremoto no significa simplemente abrir de nuevo sus puertas. Para muchos niños y niñas supone regresar mientras sus familias siguen afrontando las consecuencias de lo ocurrido; para algunos, mientras continúan viviendo en refugios o alojamientos temporales. Para docentes y demás personal educativo también significa asumir de nuevo el cuidado de su alumnado mientras ellos mismos afrontan pérdidas, daños en sus viviendas y miedo.
Esta es una de las realidades que estamos encontrando desde Educo y CECODAP, organización venezolana especializada en derechos de la infancia y socia local de Educo en la respuesta a la emergencia.
En la Unidad Educativa Nacional Caraballeda, en el estado de La Guaira, el acompañamiento a la comunidad educativa ha permitido escuchar directamente las preocupaciones del personal ante el regreso a las aulas.
Entre ellas aparece una pregunta especialmente difícil: "¿Qué ocurre si vuelve a temblar mientras estamos dando clase?"
Varias docentes han expresado el conflicto al que se enfrentarían. Por una parte, son responsables de los niños y niñas que están bajo su cuidado. Por otra, son madres y sienten la necesidad de ir a buscar y proteger a sus propios hijos e hijas.
Esta pregunta muestra hasta qué punto la recuperación después de una emergencia va mucho más allá de reconstruir infraestructuras. Las escuelas necesitan protocolos claros de actuación y evacuación, espacios seguros previamente identificados y responsabilidades conocidas por toda la comunidad educativa.
La preparación permite que, ante una nueva emergencia, docentes, estudiantes y familias sepan cómo actuar sin tener que improvisar decisiones críticas.
Contar con protocolos y practicar las actuaciones mediante simulacros forma parte de la preparación de las comunidades educativas ante los desastres.
El terremoto ha dejado pérdidas que entrarán inevitablemente en las aulas. En la comunidad educativa de Caraballeda han fallecido personas cercanas, entre ellas una docente, así como hijos y familiares de integrantes del personal.
Hay trabajadores cuyas viviendas resultaron afectadas y docentes y estudiantes que permanecen en refugios, carpas y otros alojamientos temporales. El propio profesorado se pregunta ahora cómo hablar de la muerte con sus estudiantes y cómo acompañarlos emocionalmente.
Las consecuencias de una catástrofe no desaparecen cuando deja de temblar la tierra. El miedo, la ansiedad, el duelo y la incertidumbre pueden permanecer durante mucho tiempo.
Por eso, una de las prioridades de Educo y CECODAP es proporcionar herramientas no solo para atender a niños y niñas, sino también para quienes los acompañan cada día.
Hay otro aprendizaje importante en estas primeras intervenciones: las necesidades emocionales no terminan en el alumnado.
Durante las sesiones, las propias docentes han pedido herramientas para manejar su ansiedad y afrontar las consecuencias de lo vivido. Reconocer el miedo, hablar de las pérdidas y disponer de estrategias de regulación emocional también forma parte de la recuperación.
Porque una profesora que ha perdido su vivienda, que teme por sus propios hijos o que todavía está procesando lo sucedido necesita también un espacio de acompañamiento para poder sostener emocionalmente a su alumnado.
El personal educativo ha solicitado formación en primeros auxilios psicológicos, contención emocional y acompañamiento del duelo, además de apoyo psicológico para las personas con una afectación emocional más significativa.
También se trabaja para impulsar protocolos de actuación y rutas de evacuación y ofrecer orientación jurídica ante posibles situaciones de vulneración de los derechos de niños, niñas y adolescentes.
Porque para proteger a la infancia también hay que cuidar a quienes la protegen.
Una escuela segura no es únicamente un edificio resistente. Es un espacio en el que niños, niñas y adolescentes pueden aprender y sentirse protegidos incluso cuando su entorno ha quedado profundamente alterado.
Por eso, la preparación ante emergencias debe combinar infraestructuras adecuadas con planes de actuación, formación, rutas de evacuación, identificación de zonas seguras y participación de toda la comunidad educativa.
Pero la seguridad también es emocional. Después de una catástrofe, recuperar las rutinas, mantener los vínculos y contar con personas adultas capaces de escuchar y acompañar puede ayudar a la infancia a recuperar poco a poco la confianza.
La escuela tiene, en este contexto, un papel que va mucho más allá del aprendizaje académico. Puede convertirse en un lugar de protección y estabilidad cuando muchas otras certezas han desaparecido.
Las consecuencias de un terremoto no desaparecen cuando deja de temblar la tierra. Permanecen en las casas perdidas, en los alojamientos temporales, en el miedo a una nueva réplica y en los duelos que niños, niñas y personas adultas llevan consigo cuando regresan a la escuela.
Por eso, volver a clase debe significar mucho más que recuperar el calendario escolar. Significa recuperar poco a poco la seguridad, los vínculos y la confianza.
Desde Educo y CECODAP trabajamos para que la recuperación educativa incorpore desde el principio la protección y el bienestar emocional de la infancia. Porque la educación no puede parar en una emergencia, pero tampoco puede continuar ignorando lo que sienten quienes vuelven a las aulas.
Hacer posible ese regreso significa reconstruir algo más que aulas: significa ayudar a la infancia a recuperar la seguridad, los vínculos y la confianza que necesita para volver a aprender.
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