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“Lo más importante es que creyeron en nosotros”

“Lo más importante es que creyeron en nosotros”

Actuamos enero 17, 2019
Francis y Yader han crecido, como personas y como profesionales de la comunicación, en el Club Infantil de Jinotega, en Nicaragua, del que forman parte desde que tenían 9 años. Ahora, ya adultos, con 21 y 31 años respectivamente, acompañan a los niños y las niñas comunicadores que encuentran en el club la formación, la motivación y el apoyo para labrarse un futuro y mejorar sus condiciones de vida. Aprovechamos su participación en una jornada organizada por el Ayuntamiento de Barcelona sobre Medios audiovisuales para la transformación social para charlar con ellos sobre el club y su experiencia.

¿Cuál es el origen del Club Infantil?
La asociación infantil Tuktan Sirpi, que significa niño pequeño en la lengua indígena miskitu, nació en 1994 con el objetivo de contribuir a apoyar la educación de niños y niñas de familias desfavorecidas del departamento de Jinotega. En ese momento para asistir a clase había que pagar, poco, pero para una madre con seis hijos no era nada fácil. En Nicaragua, la familia está formada mayormente por la mamá y los hermanos, el padre prácticamente no está.

¿La educación no era pública?
No, por eso la asociación ofrecía espacios donde aprender a leer y escribir, carpintería, danza, mecanografía, manualidades y costura, entre otras habilidades, y en 1995 puso en marcha el programa de radio Hablando de la niñez con el objetivo de que fuesen los mismos chavalos y chavalas los que contasen cómo se sentían cuando se les maltrataba y negaban sus derechos a la educación, a la recreación, a la seguridad, a vivir en una familia...

También tenéis un programa de televisión, ¿no?
Sí, en 2005 empezamos a producir TVchaval@s con el mismo objetivo que en la radio: hacer un programa producido íntegramente por niños y niñas que proponen y participan en la sociedad como sujetos de derecho que son.

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¿Cómo surgió la colaboración con Educo?
Educo colabora con este proyecto desde 2015, lo que permitió ampliarlo a otras comunidades, incluso a zonas rurales donde los chavalos y las chavalas en principio tienen menos oportunidades para expresarse. Durante estos últimos tres años 117 niños, niñas y adolescentes se han formado como comunicadores y han realizado un total de 3.768 producciones radiales y televisivas en todos los formatos: radioteatro, sondeos, noticias, entrevistas, reportajes, comentarios, etc., sobre maltrato, violencia, educación, situaciones de riesgo, problemas en la comunidad y autoestima, entre otros temas tratados.

¿Qué han conseguido los niños con sus reportajes?
En estos tres años han logrado el reconocimiento de la sociedad y han aprendido a producir todo tipo de materiales de comunicación. Han adquirido los conocimientos técnicos para saber usar cámaras, grabadoras, micrófonos, computadoras y les enseñan a otros chavalos. También han mejorado sus notas, han adquirido capacidades para expresarse mejor, cuando tienen dudas no tienen problema en preguntarle a los profes... Tienen el reconocimiento y el apoyo de sus padres y si pasa algo en su comunidad tienen disponibles los medios de comunicación para denunciarlo. Son la voz de la comunidad.

¿Podéis darnos ejemplos concretos?
A través de sus producciones audiovisuales los niños y las niñas comunicadores han logrado, por ejemplo, mejoras en las carreteras y que se reduzca la velocidad. También han conseguido que se fumigue porque había muchos zancudos [mosquitos], que mejoren los servicios de electricidad y agua potable, que haya más presencia de seguridad en algunas zonas remotas. En todos los casos han identificado la problemática, han hecho demandas y ha habido resultados muy visibles, que la gente menciona y reconoce.

¿Y realmente lo hacen solos, sin ayuda del adulto?
Cuando nosotros éramos niños comunicadores había un adulto que siempre nos estaba corrigiendo, nos llevaba a las entrevistas, nos revisaba las preguntas. Con el tiempo se vio que esta no era la forma de hacerlo y se pasó a aplicar la metodología Un paso atrás, donde el adulto cree en las capacidades de los niños y las niñas y permite que se equivoquen mil veces, que puedan hacer sin miedo. ¿Por qué deberíamos tener miedo a que un niño agarre una cámara? El adulto pasó a compartir su conocimiento, animar, acompañar y dar un paso atrás. Pero ahora ya no es ni así. Ahora, con la metodología De par a par, un niño enseña a otro y, cuando adquiere el conocimiento, es el niño el que da un paso atrás.

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Francis, ¿cómo llegaste al club?
Empecé a los 9 años. Un día estaba en mi casa y mi mamá estaba viendo el programa en la televisión y me preguntó si yo querría ir. Me matriculó y el primer día llegué tímida, con nervios, ni comía de la timidez, no sabía ni lo que era la comunicación. En ese momento estaba estudiando primaria y tenía bastante problemas en la escuela. Me costó dos o tres años desarrollarme, pero fui mejorando, me enamoré del área de comunicación y desarrollé mis capacidades para hablar, para manejar los aspectos técnicos, desarrollar temas. Sabemos lo que significa llegar con nervios, porque hemos pasado por lo mismo.

¿Qué ha significado para ti?
El club ha sido mi segundo hogar. En la escuela tenía dificultades para escribir, pero fui mejorando gracias al club. Aquí se ha formado la Francis que soy hoy, mis conocimientos, mis habilidades salieron del club. En la escuela no encontraba la motivación, el club ha sido mi escuela, mi motivación. Actualmente estudio Comunicación social en la universidad y doy seguimiento a los clubes de comunicadores rurales y acompañamiento a los chavales.

Y tú, Yader, ¿cuál es tu experiencia?
En mi caso, el problema de la irresponsabilidad paterna en Nicaragua me afectó bastante. Mi madre tuvo 16 hijos, de los cuales tres fallecieron. La ayuda de mi papá no existía y tampoco no había posibilidades de estudiar. Yo tenía prácticamente ya los 9 años y mi único entretenimiento era trabajar para ayudar a mi mamá a ganar algo de dinero. Íbamos con mi hermano a vender agua y también me tocaba cuidar de los pequeños, lavar la ropa, hacer la comida... Mi mamá salía a las 5 de la mañana y no volvía hasta las 9 PM. Una de mis hermanas no la conocía porque no la veía nunca. No íbamos a la escuela. Ni siquiera sabía que me llamaba Yader…

¡¿Cómo?!
Sí… porque mi nombre es Yader Alfonso, pero todos me llamaban Alfonso… Entonces mi mamá conoció el Club Infantil y nos matriculó a mí y a mis dos hermanas menores porque no había que pagar ni llevar uniforme ni cuadernos. Nos enseñaron a leer y a escribir. Para mí, leer era como hacer magia. Pero llegó un momento en el que si quería continuar tenía que ir a la escuela tradicional y para no pagar me salía de clase, así que tenía más de 20 años cuando terminé la secundaria. Al mismo tiempo, seguí en el área de comunicación del Club Infantil, donde aprendí mucho.

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¿Qué ha significado para ti el club?
El club nos ha permitido salir adelante. Durante los años siguientes al huracán Mitch, en 1998, Jinotega estaba hecho un desastre. En nuestra casa, por ejemplo, para que no nos mojáramos cuando llovía el techo era de monte [ramas] y debajo plástico. Nuestra situación de vulnerabilidad era horrible, incluso antes del huracán. Gracias al club recibimos un techo de zinc y ninguno de mis hermanos menores se quedó sin estudiar. Algunos de mis sobrinos también están en el área de comunicación. Ahora Francis y yo somos compañeros en el último curso de Comunicación Social y soy el responsable de comunicación del proyecto, los dos trabajamos en Tuktan Sirpi. Lo más importante es que creyeron en nosotros.

¿Recordáis vuestro primer reportaje?
Así toda tímida grabé un spot sobre el agua. No es que me guste especialmente, pero cuando me acuerdo me da la risa, pero no de burlarme, sino de lo entrañable que se ve.

¿Y el tuyo, Yader?
Mi primer reportaje fue en 2005 y tengo un recuerdo muy especial. Era un adulto el que editaba, sin computadora, pero cuando vi el producto final, me sentí muy feliz, como si fuera de la CNN [risas]. Y la primera vez que hablé en la radio fue para saludar a mi mamá. No terminé de hacerlo… se me hizo un nudo en la garganta y me puse a llorar. Había pasado un año desde que entré. Ahora los niños se ponen incluso desde el primer día.
 
Actuamos enero 17, 2019

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