Ahora un nuevo estudio viene a redundar en lo que el sentido común nos dice: que las comidas felices son más saludables. Así pues, los padres que tanto se preocupan porque sus hijos adquieran hábitos de alimentación saludables tal vez prefieran convertir las comidas en momentos de diversión y regocijo, dice la ciencia que así los niños comen mejor.
Para hacer el estudio 74 padres de preescolares de entre 3 y 5 años rellenaron dos cuestionarios sobre los hábitos alimentarios de la familia por un periodo de dos años. Durante ese periodo los investigadores visitaban las casas a la hora de las comidas para comprobar el ambiente reinante y la forma en que los padres y los niños interactuaban durante ese tiempo.
El estudio concluye que cuando el ambiente es más agradable los niños comen mejor, prueban más alimentos nuevos y adquieren mejores hábitos nutricionales. La relación con la comida se establece en la infancia y mantenerse en buenos términos con ella puede evitarnos muchos trastornos de alimentación después, así que, según la ciencia, mejor que hacer el avioncito es reírse lo más posible cuando nos parece que nuestro hijo no nos come.
Derechos de fotografía: Sisterazzi, MaltHurst
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