Tener hábitos de vida saludables durante nuestro periodo de crecimiento es fundamental para ser adultos sanos, envejecer bien y llevar una vida alejada de cualquier achaque. Cuidar a la infancia es por tanto imprescindible para tener una sociedad poco enferma en todos los sentidos. Y para ello el deporte es fundamental.
La sociedad actual es esencialmente sedentaria. Ocho horas al día sentados en el colegio no se parece en nada a las condiciones en las que se criaban antes los niños. Por tanto, el deporte es fundamental, ya que de alguna forma hay que combatir el sedentarismo, aprovechando que los niños y niñas son activos por naturaleza.
Durante la infancia se construyen las bases de la salud que nos acompañarán toda la vida. Lo que vivimos en estos primeros años influye en cómo creceremos, cómo nos sentiremos y cómo llegaremos a la edad adulta. Por eso, cuidar la infancia no es solo cuidar el presente, es cuidar el futuro de toda la sociedad. Y en ese cuidado hay algo esencial: el movimiento.
Hoy, muchos niños y niñas pasan gran parte del día sentados. En el colegio. En casa. Frente a pantallas. El tiempo para correr, saltar o jugar al aire libre se reduce, y los datos lo confirman: el 81 % de los y las adolescentes no realiza suficiente actividad física, según la Organización Mundial de la Salud.
Pero el cuerpo de un niño no está hecho para estar quieto. Está hecho para moverse, explorar y descubrir el mundo.
La actividad física en la infancia no solo tiene beneficios inmediatos. También deja huella a largo plazo. Un estudio de la Universidad de Indiana, publicado en PNAS, demuestra que hacer ejercicio durante los años de crecimiento aumenta la masa y el tamaño de los huesos. Esto hace que sean más fuertes y resistentes en la edad adulta.
Incluso con el paso del tiempo, cuando la densidad ósea disminuye, parte de esa fortaleza se mantiene. Por tanto, moverse hoy es invertir en la salud de mañana. No hace falta más: solo dejarles ser niños.
A veces pensamos que para que un niño o niña haga deporte necesita clases, equipamiento o una agenda llena de actividades. Pero no. Trepar, correr, saltar, jugar… todo eso ya es actividad física.
El juego libre en espacios abiertos sigue siendo una de las formas más completas de desarrollo. No requiere grandes recursos. Solo tiempo, espacios seguros y libertad. Y también un cambio de mirada: permitir que se caigan, que experimenten, que se ensucien. Ahí también están aprendiendo.
El cuerpo no solo se fortalece. También aprende. La neuroeducación ha demostrado que el cerebro funciona mejor cuando el cuerpo está activo:
La atención mejora.
La memoria se refuerza.
La creatividad se activa.
Moverse ayuda a regular las emociones y a relacionarse con otras personas. En el fondo, aprender no es solo escuchar o memorizar, es vivir experiencias, un derecho que no siempre está garantizado.
Sin embargo, no todos los niños y niñas tienen las mismas oportunidades para jugar y moverse. En contextos de pobreza o vulnerabilidad, el acceso a espacios seguros o tiempo de ocio es limitado. Y eso afecta directamente a su desarrollo.
Sarah lo sabe bien. Durante años, su acceso a la educación fue limitado, como ocurre con muchos niños y niñas en contextos vulnerables. Sin embargo, gracias al acompañamiento de nuestra ONG Educo, ha podido descubrir y desarrollar su talento también a través del deporte. Hoy es nadadora y ha encontrado en la natación mucho más que una actividad física: un espacio de confianza, esfuerzo y superación.
Gracias a este apoyo, Sarah participa activamente en la escuela, se expresa con seguridad y se marca metas que antes parecían inalcanzables. El deporte ha sido clave en este proceso: le ha ayudado a ganar disciplina, autoestima y constancia. Su progreso no es solo académico, también es personal.
Su historia demuestra que el acceso a la educación y al deporte puede transformar vidas. Cuando niños y niñas cuentan con oportunidades reales para moverse, aprender y crecer, no solo desarrollan habilidades: construyen un futuro con más opciones y confianza en sí mismos.
Y es que en nuestra ONG Educo trabajamos para garantizar el derecho a una educación de calidad en su sentido más amplio. Una educación que también incluye el juego, el movimiento y el bienestar.
Porque educar no es solo enseñar contenidos:
Es acompañar.
Es proteger.
Es ofrecer oportunidades reales.
Si queremos adultos sanos, necesitamos infancias activas. No hace falta complicarlo. Hace falta recuperar algo básico: tiempo, espacio y libertad para moverse. Porque moverse es crecer, aprender y vivir. Y garantizarlo es una responsabilidad compartida.
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