La solidaridad es un valor que implica reconocer las necesidades de otras personas y actuar para ayudarlas de forma desinteresada y responsable. Durante la infancia, aprender qué es la solidaridad ayuda a niños y niñas a desarrollar empatía, respeto, cooperación y compromiso con los demás.
En este artículo explicamos qué significa la solidaridad, por qué es importante para el desarrollo personal y social de la infancia, cómo diferenciarla de la caridad y qué actividades pueden ayudar a fomentarla en casa y en la escuela.
La UNESCO destaca que valores como la solidaridad, la cooperación y el respeto son fundamentales para construir sociedades más inclusivas y pacíficas. La educación en estos valores contribuye a desarrollar una ciudadanía comprometida con el bienestar común y los derechos humanos. Fuente: UNESCO, Reimagining Our Futures Together (2023).
UNICEF señala que el aprendizaje socioemocional ayuda a niños y niñas a desarrollar empatía, capacidad de cooperación y habilidades para construir relaciones positivas, competencias estrechamente relacionadas con comportamientos solidarios. Fuente: UNICEF, Global Framework on Social and Emotional Learning (2024).
Según la OCDE, los estudiantes que participan en actividades colaborativas y de ayuda a otros compañeros desarrollan mayores niveles de empatía, pertenencia al grupo y bienestar escolar. Fuente: OECD, PISA 2022 Results: Student Well-being (2023).

Desde los 2 años los niños y niñas ya tiene una conciencia sobre la existencia de otras personas y pueden empezar con tareas como colaborar y ayudar.
La solidaridad debe ser una de las reglas de conducta más importantes en todos los ámbitos de la vida.
La buena comunicación entre las personas adultas y los niños es fundamental para generar confianza y enseñar valores.
La educación democrática permitirá crear un entorno adecuado para la comunicación y para que los niños y niñas puedan expresarse libremente.
Es preciso estar atentos a las conductas egoístas o intolerantes en los niños y niñas, para evitarlas.
Enseñar a niños y niñas requiere paciencia. Puede que tengas que explicar las cosas varias veces y con palabras y ejemplos sencillos.


Si tanto el profesorado en la escuela como los padres y madres en casa tienen comportamientos solidarios los niños aprenderán observando.
Todos los niños y niñas suelen pasar una época en la que dicen “es mío” refiriéndose a un juguete u otra cosa. En estos casos es fundamental enseñarles que, aunque una cosa sea suya, la pueden compartir con otro niño o regalarla si ya no la utilizan. Por ejemplo, es posible participar en campañas para donar juguetes a niños que no tienen recursos.
Ver películas y cortos que demuestren la importancia de la solidaridad.La película Buscando a Nemo es un ejemplo de cooperación y solidaridad para lograr nuestras metas y en Kirikou y las bestias salvajes se enseñan valores como la solidaridad y la importancia de reforzar la autoestima.
Leer cuentos infantiles que incluyan ese valor. Por ejemplo, te proponemos El ladrón escurridizo, una historia de un ratón que robaba cereales por un motivo muy especial; o El dinosaurio y la tortuga, que cuenta la historia de una tortuga que quería ser tan grande y fuerte como un dinosaurio. Los dibujos de los cuentos son recursos muy útiles para enseñar a los niños de forma divertida.
Participar en actividades solidarias como carreras o eventos por causas como la ayuda para recaudar fondos contra alguna enfermedad o para proteger a los animales o al medio ambiente. Otra buena opción es apadrinar a un niño para lograr que reciba educación de calidad, atención médica y una alimentación adecuada.
La solidaridad aporta beneficios muy importantes durante la niñez. Aprender a ayudar a otras personas, colaborar y preocuparse por el bienestar común contribuye al desarrollo emocional y social de niños y niñas, además de prepararles para construir relaciones más sanas y respetuosas en el futuro.
La solidaridad ayuda a niños y niñas a ponerse en el lugar de otras personas y comprender cómo se sienten. Cuando aprenden a compartir, ayudar o apoyar a quienes lo necesitan, desarrollan una mayor sensibilidad hacia las emociones y dificultades de los demás. Esta capacidad resulta fundamental para construir relaciones basadas en el respeto, la comprensión y el cuidado mutuo.
Las actitudes solidarias favorecen una convivencia más positiva tanto en la escuela como en casa y en otros espacios sociales. Colaborar, escuchar y tener en cuenta las necesidades de los demás ayuda a prevenir conflictos y fomenta relaciones más respetuosas. Además, permite que niños y niñas aprendan a valorar la diversidad y a convivir con personas que tienen opiniones, capacidades o experiencias diferentes.
Las personas somos seres sociales y necesitamos relacionarnos con los demás. Por eso es importante que, desde pequeños, niños y niñas aprendan a compartir, cooperar y pensar también en el bienestar del grupo. La solidaridad les enseña que sus acciones pueden tener un impacto positivo en otras personas y les ayuda a desarrollar una visión más colectiva y menos centrada únicamente en sus propias necesidades.
La solidaridad también implica implicarse y actuar para ayudar cuando alguien lo necesita. A través de pequeñas acciones cotidianas, niños y niñas aprenden el valor de la responsabilidad compartida y descubren que todos podemos contribuir a mejorar nuestro entorno. Además, desarrollar esta capacidad desde la infancia facilita el trabajo en equipo, una habilidad fundamental tanto en la escuela como en la vida adulta.
En definitiva, la solidaridad para niños y niñas supone el desarrollo de adultos plenamente concienciados de la importancia de ayudar a otras personas y de sentir empatía aquellos que son diferentes o viven en situaciones distintas a la nuestra."Aunque suelen confundirse, la solidaridad y la caridad tienen diferencias importantes. La caridad se basa en ayudar a alguien desde una posición de ventaja o superioridad, y muchas veces se limita a un gesto puntual. En cambio, la solidaridad implica empatía, compromiso e igualdad: es entender la situación del otro, ponerse en su lugar y actuar para cambiar esa realidad de forma conjunta.
A los niños y niñas podemos explicárselo así: “Cuando ayudas a alguien porque te da pena, eso es caridad. Pero cuando ayudas porque entiendes que todos podemos necesitar ayuda alguna vez y porque quieres que todos estemos bien, eso es solidaridad”. "
En contextos de desigualdad, enseñar solidaridad desde la infancia no solo refuerza valores positivos, sino que ayuda a construir una convivencia más justa. Los niños y niñas que aprenden a reconocer las dificultades de otros y a actuar para mejorar la vida en común, desarrollan una mirada más empática, menos individualista y más comprometida con su entorno.
Las familias son el primer espacio donde los niños y niñas aprenden valores. Para reforzar la solidaridad en casa, es útil involucrar a los más pequeños en acciones cotidianas: compartir con hermanos, ayudar en casa, escuchar con atención, cuidar a los demás. También se pueden organizar actividades como colaborar en campañas de recogida, visitar asociaciones o participar en actividades comunitarias.
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