En 2024, casi 138 millones de niños y niñas de entre 5 y 17 años se encontraban en situación de trabajo infantil en el mundo, equivalentes al 7,8 % de la población infantil de esas edades. De ellos, 54 millones realizaban trabajos peligrosos. Fuente: OIT y UNICEF, Estimaciones mundiales del trabajo infantil 2024, publicadas en 2025.
Se han producido avances: entre 2020 y 2024, el número de niños y niñas en trabajo infantil disminuyó en 22,4 millones, mientras que el trabajo peligroso descendió en 25 millones. Aun así, el mundo no consiguió alcanzar la meta de eliminar el trabajo infantil en 2025. Fuente: OIT, 2025.
La agricultura concentra el 61 % de los casos de trabajo infantil, seguida de los servicios (27 %) y la industria (13 %). Esto muestra la importancia de adaptar las medidas de prevención a los sectores y contextos en los que se produce. Fuente: OIT, datos mundiales 2024.
Para acelerar su eliminación son necesarias medidas como reforzar la protección legal, ampliar la protección social, invertir en educación gratuita y de calidad y mejorar el acceso de las personas adultas a empleos dignos. Fuente: OIT y UNICEF, Child Labour: Global estimates 2024, trends and the road forward, 2025.
El trabajo infantil comprende aquellas actividades que privan a niños y niñas de su infancia, afectan a su desarrollo o interfieren en su educación. No se trata de cualquier ayuda que puedan prestar en casa o de un trabajo puntual adecuado a su edad, sino de actividades que vulneran sus derechos.
Cuando un niño o una niña tiene que trabajar, puede faltar a la escuela, abandonar sus estudios o ver afectada su salud y bienestar. Por eso, acabar con el trabajo infantil también significa garantizar su derecho a la educación y a crecer en un entorno seguro.
Son aquellos que pueden poner en riesgo su salud, seguridad o desarrollo. Por ejemplo, trabajos con maquinaria peligrosa, sustancias tóxicas, cargas pesadas o jornadas excesivas. También existen formas especialmente graves de explotación, como el trabajo forzoso o la trata.
El trabajo infantil tiene múltiples causas. La pobreza, las dificultades para acceder a la educación, la precariedad laboral de las personas adultas y determinadas normas sociales pueden empujar a niños y niñas a trabajar.
Cuando una familia no puede cubrir sus necesidades básicas, los ingresos que aporta un niño o una niña pueden convertirse en una necesidad. La falta de protección social aumenta todavía más esta vulnerabilidad.
Cuando la escuela queda lejos, tiene costes que la familia no puede asumir o no existen suficientes plazas, estudiar puede resultar difícil. En estos casos, el trabajo puede terminar sustituyendo a la educación.
Los salarios insuficientes, el desempleo o la falta de estabilidad laboral pueden aumentar la presión económica sobre las familias y hacer que los niños y niñas tengan que contribuir a los ingresos del hogar.
En algunos contextos, trabajar desde pequeños se considera algo normal o incluso necesario. Esta percepción puede ocultar situaciones de explotación y hacer que no se reconozca el impacto que tiene sobre los derechos, la educación y el bienestar de la infancia.
Desde Educo trabajamos con la infancia, sus familias, las comunidades y las instituciones para abordar estas causas desde la raíz. Porque la educación es una herramienta fundamental para proteger y empoderar a niños y niñas.
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Por un lado, podemos encontrar las consecuencias físicas como las enfermedades, la desnutrición, los cortes, las quemaduras etc.
Por otro lado, es importante también considerar las consecuencias psicológicas como el estrés, la baja autoestima o la infelicidad.

Erradicar la pobreza, de manera que los niños y niñas no se vean obligados a trabajar para ayudar a sus familias y, de esa forma, deban abandonar sus estudios.
Impulsar el acceso a la educación de calidad de forma que se cumpla el Objetivo de Desarrollo Sostenible relacionado con la educación.
Ofrecer empleo de calidad a los padres y madres responsables de los niños y niñas, para que puedan hacerse cargo de sus hijos e hijas y estos puedan acudir a la escuela.
Eliminar las normas sociales que legitiman el trabajo infantil. Es trabajo de los gobiernos proteger los derechos de la infancia y concienciar.
Contar con leyes eficaces, sistemas de protección sólidos y mecanismos de detección y denuncia permite prevenir y actuar ante situaciones de trabajo infantil.
Las empresas deben garantizar que sus productos y proveedores respeten los derechos de la infancia y no recurran al trabajo infantil en ninguna fase de la cadena de suministro.
Ayudamos a los niños y niñas trabajadores a que retomen sus estudios de manera complementaria al trabajo que realizan. Para ello hemos creado las escuelas nocturnas de Bangladesh de manera que los niños y niñas puedan apoyar a la economía familiar pero sin que dejen de disfrutar de uno de sus derechos más básicos: la educación.
Concienciamos a las comunidades y empleadores en relación a los derechos de los niños y niñas y sobre la necesidad de que acudan a la escuela.
Sensibilizamos a los empleadores para que puedan dar un horario laboral que sea compatible con la escuela, ya que muchos niños y niñas dejan de asistir a la escuela debido a las necesidades económicas de sus familias.
La educación es una de las herramientas más poderosas para prevenir el trabajo infantil. Cuando un niño o niña accede a una escuela de calidad y segura, se reduce el riesgo de que tenga que trabajar para sobrevivir o ayudar en casa. Además, la educación les da herramientas para romper el ciclo de la pobreza, desarrollar su potencial y construir un futuro con más oportunidades.
Las empresas tienen la responsabilidad ética y legal de garantizar que sus productos no se elaboran con trabajo infantil. Esto implica auditar sus cadenas de suministro, aplicar políticas de debida diligencia, colaborar con proveedores responsables y apoyar programas que protejan a la infancia. La transparencia y el compromiso real son claves para erradicar esta práctica.
El trabajo infantil puede dejar huellas profundas y duraderas: abandono escolar, problemas de salud física y mental, explotación, pérdida de autoestima y menor acceso a empleos dignos en la vida adulta. También puede afectar su desarrollo emocional y limitar sus oportunidades de salir del ciclo de pobreza. Por eso, proteger su infancia es proteger su futuro.
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