Ayesha, de 13 años, vive con su familia en el campo 8E. Es la menor de siete hermanos. Su infancia ha transcurrido en un entorno marcado por la inseguridad, la falta de recursos y las oportunidades limitadas. “La vida en el campo es frágil e incierta; cada día nos sentimos inseguras y no sabemos qué puede pasar”, explica.
Como muchas adolescentes en los campos, ha estado expuesta al riesgo de matrimonio infantil. En contextos como este, la falta de recursos económicos lleva a muchas familias a considerar el matrimonio temprano como una salida.
Ayesha quiere estudiar. Actualmente asiste a un centro de aprendizaje comunitario, pero compagina sus estudios con tareas domésticas y el cuidado de sus hermanos pequeños. A medida que crece, las dificultades aumentan.
Además, la falta de acceso a información básica sobre salud y derechos agrava la situación. Cuando tuvo su primera menstruación, por ejemplo, no sabía qué le estaba pasando: “No entendía mi cuerpo. Sentí miedo y vergüenza”, recuerda.
El tabú en torno a la menstruación y la falta de productos adecuados provocaron que faltara a clase con frecuencia. Estas ausencias aumentaron el riesgo de abandono escolar, una de las principales antesalas del matrimonio infantil.
Para responder a esta realidad, desde nuestra ONG Educo trabajamos en varios campos de Ukhiya, incluido el 8E en el que vive Ayesha, a través de centros de aprendizaje comunitarios y espacios seguros como los Centros Multipropósito.
En estos espacios, niñas como Ayesha acceden a educación no formal adaptada a su edad, formación en habilidades para la vida y contenidos sobre salud sexual y reproductiva. También promovemos campañas comunitarias y trabajamos con grupos locales para prevenir el matrimonio infantil y mejorar la protección.
En el centro, Ayesha participa en sesiones específicas sobre salud menstrual, derechos y desarrollo personal. Además, recibió un kit de higiene menstrual y formación sobre su uso: “Antes faltaba a clase cuando tenía la regla. Ahora voy siempre al centro y me siento segura”, explica.
Contar con información y recursos adecuados ha cambiado su relación con su propio cuerpo y con la escuela.
El proyecto también implica a las familias. A través de sesiones de sensibilización, su madre ha podido entender mejor sus necesidades y apoyar su educación: “Ahora hablamos abiertamente y apoyo su educación y su salud, en lugar de pensar en casarla pronto”, afirma.
Este cambio en el entorno familiar resulta clave para reducir riesgos y reforzar la protección.
Hoy, Ayesha asiste regularmente a clase, también durante su menstruación. Tiene más confianza, más información y más capacidad para tomar decisiones sobre su vida. Su historia demuestra que, incluso en los contextos más difíciles, garantizar espacios seguros y educación de calidad cambia vidas.
En Educo trabajamos con una idea clara: la educación protege y abre oportunidades reales para la infancia. Intervenciones integradas como esta permiten mejorar el acceso a la educación, reforzar la protección y prevenir prácticas como el matrimonio infantil.
Porque cuando una niña puede aprender, también puede decidir.
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