180 adolescentes participarán en este programa de continuidad educativa.
120 son niñas y 60 son niños en situación de riesgo social.
El programa incluye kits educativos y de higiene, además de acompañamiento especializado.
También incorpora formación en derechos de infancia, salud integral, prevención de violencia digital y proyecto de vida.
Seguir estudiando no siempre depende de las ganas de aprender. Para miles de adolescentes en América Latina, continuar en la escuela está condicionado por factores como la pobreza, la violencia, la desigualdad o la falta de redes de apoyo.
Cuando una niña o un niño abandona el sistema educativo, no solo pierde oportunidades de aprendizaje, también aumenta su exposición a riesgos como violencia, explotación, exclusión social o abandono institucional.
Por eso, hablar de continuidad educativa también es hablar de protección infantil. Y en nuestra ONG Educo trabajamos desde esta convicción: la educación no solo transforma vidas, también protege derechos.
En El Salvador, muchos adolescentes enfrentan barreras económicas y sociales que dificultan mantenerse en la escuela. Los costes de transporte, materiales escolares o productos básicos pueden convertirse en obstáculos insalvables para familias con recursos limitados.
A esto se suman contextos de violencia, fragilidad social y desigualdades que afectan especialmente a las adolescentes.
En este escenario, desde nuestra ONG Educo hemos puesto en marcha una estrategia de becas en La Libertad Costa para adolescentes en mayor riesgo de desprotección o sobrevivientes de violencia, incluida violencia basada en género.
La iniciativa beneficiará a 180 adolescentes, identificados por su situación de especial vulnerabilidad.
Cada participante recibirá una beca de 50 dólares mensuales durante tres años, un apoyo pensado para reducir barreras económicas que dificultan la continuidad escolar.
Aunque pueda parecer una cantidad modesta, para muchas familias supone una diferencia real entre abandonar o continuar estudiando.
Además del apoyo económico, el programa contempla la entrega de:
Porque la continuidad educativa depende también de cubrir necesidades básicas.
La intervención va mucho más allá del apoyo material. Las y los adolescentes participarán en procesos formativos sobre: derechos de infancia, salud integral, autocuidado, prevención de violencia, seguridad digital, masculinidades y construcción de proyecto de vida.
El objetivo es reforzar herramientas personales y maneras de protegerse.
En los casos que lo requieran, habrá atención psicosocial especializada. Además, el programa incorpora trabajo con las personas cuidadoras para fortalecer entornos familiares más seguros y protectores.
Este enfoque integral responde a una realidad clara: la violencia no se previene solo con intervenciones puntuales. Necesita acompañamiento sostenido.
Dos tercios de las personas beneficiarias del programa son niñas. Y esto no es casual.
"La verdad es que es súper importante que sigamos estudiando porque la educación nos abre muchas puertas en la vida. Nos ayuda a prepararnos para un futuro mejor, a ser independientes y a enfrentar los retos con más confianza.
Este proyecto ha sido una gran ayuda para mí porque me ha dado motivación, apoyo y las herramientas necesarias para no rendirme, incluso en los momentos más difíciles. Me llena de orgullo ver cómo estoy avanzando y luchando por mis sueños", nos cuenta Adela, una de las niñas que participa.
En muchos contextos, las adolescentes enfrentan riesgos específicos vinculados a la desigualdad de género: violencia machista, presión social, limitación de autonomía o responsabilidades de cuidado asumidas de forma temprana.
Cuando una adolescente abandona la escuela, su vulnerabilidad puede aumentar de forma significativa. Garantizar su continuidad educativa es una medida de protección concreta.
Educo lleva 25 años trabajando en El Salvador para garantizar derechos de infancia a través de educación, protección y participación. Durante este tiempo, hemos acompañado a más de 653.000 niños, niñas y adolescentes y a 371 centros escolares.
Nuestra experiencia demuestra que intervenir sobre la educación implica trabajar también con familias, comunidades y sistemas de protección.
Porque las causas del abandono escolar rara vez son individuales.
Una beca puede parecer una ayuda económica. Pero, en muchos casos, representa mucho más. Puede significar estabilidad, acompañamiento, continuidad y una oportunidad real de construir futuro.
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Cuando una intervención combina apoyo económico, educación, salud emocional y fortalecimiento familiar, el impacto cambia. Porque proteger a la infancia no consiste solo en reaccionar ante la violencia. También implica prevenirla.
Y, a veces, esa prevención empieza con algo tan sencillo y tan decisivo como garantizar que una adolescente pueda volver mañana a clase.
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