Con la llegada del fin del curso escolar, queremos denunciar que la mayoría de niños y niñas que reciben una beca comedor en la escuela, se quedan sin ella durante los 80 días de verano. Mientras duran las clases, alrededor de un millón de alumnos y alumnas – unos 980.000 – reciben esta ayuda que les asegura al menos una comida completa y nutritiva al día en su centro educativo. Sin embargo, dejan de percibirla al acabar el curso.
Para Mónica, es un alivio tener beca comedor. “En el cole sé que mis hijos se alimentan adecuadamente. Allí comen pescado una o dos veces por semana. Así, ya no lo compro cada semana, sino una vez al mes, y tengo dinero para cubrir otros gastos”. De manera similar piensan otras madres beneficiarias de esta ayuda.
Como Leudymar, que opina que en la escuela “llevan una buena alimentación, porque comen sus carbohidratos, sus proteínas o su fruta”. O Marbely, que cree que “en el comedor también aprenden a convivir entre ellos o a comer cosas diferentes de las que tenemos en mi país. A mi hijo pequeño, por ejemplo, le encantan las croquetas, que nosotros no comemos”.
La beca comedor es un “colchón” para estos niños y niñas y sus familias durante todo el curso. Y aunque algunos de ellos y ellas tendrán ayudas en verano por parte de las administraciones, las entidades locales o las ONG para cubrir su alimentación, ni serán todos los meses ni, mucho menos, llegará a todos aquellos y aquellas que lo necesitan. Además, también está el 1,3 millones de niños y niñas que, por su situación de vulnerabilidad, deberían recibir una beca comedor durante el curso y no la tienen. En verano, la inmensa mayoría tampoco dispondrá de ninguna ayuda para la alimentación.
El fin de las becas comedor y el inicio de las vacaciones escolares preocupa a las familias con escasos recursos económicos. “En verano, al no ir a la escuela, hay que comprar más comida, más fruta, más yogures, porque mis hijos están en casa”, explica Leudymar, que reivindica que todos los niños y niñas deberían poder ir a colonias en las que se les asegurara la alimentación.
Mónica aún no sabe qué hará cuando acabe el curso. “Se vienen más gastos porque están en casa y comen aquí a mediodía. Y hay que buscar actividades para los niños. No podemos pagar los campamentos de verano porque son carísimos”. Y para Marbely, que los niños no vayan a la escuela es un problema, no solo por la alimentación, sino porque se podrían quedar solos: “tengo que trabajar. No puedo llevar a los niños a mi trabajo. Como mucho, podría llevarme a mi hijo pequeño de 4 años y dejaría al de 12 en casa viendo la tele".
En España, 1 de cada 3 niños, niñas y adolescentes viven en riesgo de pobreza y exclusión, un dato que lleva estancado más de una década. Factores como la precariedad laboral, los bajos salarios, el alto coste de la vivienda o la falta de ayudas sociales dirigidas a la infancia hacen que, en algunas regiones, municipios y barrios, las familias más vulnerables lo tengan más difícil para criar a sus hijos e hijas.
Un indicador clave del riesgo de pobreza y exclusión que recoge la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE) es la posibilidad que tienen los niños y niñas de comer carne, pollo, pescado o proteína vegetal cada dos días. En España, el 5,6% de los menores de 18 años no pueden hacerlo, es decir, alrededor de 450.000. En comunidades autónomas, como Ceuta (14,2%), Canarias (8,6%), Cataluña o Andalucía (ambas el 7,2%), se supera significativamente la media estatal, mientras que en otras, como Cantabria (1,4%), Baleares (1,7%) o La Rioja (2,4%), están por debajo.
Aunque hay porcentajes mejores que otros, en todas las comunidades autónomas la situación de las familias es muy difícil económica y socialmente. En zonas donde los ingresos son bajos y los empleos precarios - a veces ligados al turismo o la agricultura - y hay pocas ayudas públicas para la infancia, toca adaptar el presupuesto familiar de las comidas.
Además, el hecho de vivir en grandes áreas urbanas hace que la vivienda absorba gran parte de los sueldos. Al final, eso significa que en muchos hogares se consume menos carne, pescado o legumbres en favor de alimentos más baratos como la pasta, el arroz o los ultraprocesados. Para estas familias, la alimentación de sus hijos e hijas es un reto.
No solo hay un olvido vacacional en la alimentación de los niños y niñas más vulnerables. Tampoco están en igualdad de condiciones en cuanto a su derecho al ocio. En España, el 34% de los menores de 18 años no se pueden ir ni una semana de vacaciones. Aquí también encontramos diferencias según la comunidad autónoma. En Murcia (51,2%), Andalucía (44,2%) o Castilla - La Mancha (42,8%) se supera ampliamente este porcentaje. En el otro extremo, se encuentran País Vasco (19,2%), La Rioja (20,5%) o las Baleares (20,7%).
Si los ingresos no llegan para todo, es fácil que desaparezcan las vacaciones. Hay niños y niñas que no saben lo que es pasar una semana fuera de casa. A veces, ni siquiera tienen la oportunidad de coger un autobús urbano para ir un día a la playa. Se quedan en sus hogares, normalmente mal acondicionados para el calor.
De hecho, en las zonas turísticas se puede dar la paradoja de que no pueden ni salir a comer en familia porque los precios son prohibitivos. Los niños y niñas vulnerables deben poder participar en campamentos urbanos o colonias porque contribuye a su desarrollo educativo, social y emocional y porque gozan de las mismas oportunidades que otros compañeros y compañeras con más recursos. Que no exista esta posibilidad amplia aún más la brecha educativa. Además, con los calores del verano, participar en este tipo de actividades es ofrecer un refugio climático a la infancia.
Entre los 6 y los 10 años, la infancia está en plena construcción de su autoestima, confianza y bienestar, un proceso que se consolidará en la adolescencia. Las vacaciones tienen un papel decisivo en este sentido, ya que ofrecen un tiempo seguido de descanso, la posibilidad de jugar libremente y el hecho pasar más tiempo con la familia y los amigos y amigas. Sin embargo, las desigualdades sociales pueden privar de oportunidades a una parte.
Una encuesta realizada por nuestra ONG Educo a 1.544 familias de niños y niñas de esta franja de edad muestra que la posibilidad de irse de vacaciones cambia considerablemente teniendo en cuenta sus ingresos. Los datos muestran que solo el 15,9% de niños y niñas que se van de vacaciones son de familias de renta baja. Y al revés, solo 15,5% de quienes no se van son de renta alta.
La encuesta también revela que solo el 28,04% de los niños y niñas de 6 a 10 años participan en actividades de ocio en verano que incluyen al menos una comida al día. Pero al poner el foco en las familias con menos recursos, el porcentaje baja casi 6 puntos, hasta el 22,63%. Eso quiere decir que 8 de cada 10 niños y niñas de familias vulnerables no van a campamentos en los que se les asegura su alimentación.
Las familias que no pueden irse de vacaciones y que viven en hogares con dificultades para llenar la nevera de forma saludable deberían tener garantizadas estas actividades. La encuesta muestra que el coste es la principal barrera para no llevarlos. Cuando no se cuenta con la posibilidad de apuntar a los niños y niñas a actividades de verano, pero tampoco hay nadie que pueda cuidarlos mientras los padres y madres trabajan, existe el riesgo de que se queden solos y solas en casa, muchas veces con la única compañía de las pantallas. Y son alrededor de 120.000 niños y niñas de 6 a 10 años.
Por eso pedimos el comedor universal y gratuito para todo el alumnado, ya que forma parte del derecho a la educación. Mientras esto no ocurre, reclamamos que todos los niños y niñas en situación de vulnerabilidad puedan acceder gratuitamente al comedor escolar e instamos a las administraciones públicas a tomar medidas inmediatas para asegurar su alimentación también en verano.
Entre ellas, estaría extender las ayudas y becas para el comedor escolar durante los periodos no lectivos y que la infancia en situación de vulnerabilidad participe en verano en actividades de ocio educativo que incluyan la comida durante al menos 15 días y de manera gratuita.
Un año más, desde Educo lanzamos la campaña “Pena” para concienciar y pedir el apoyo de la sociedad para que la infancia que lo necesita pueda ir al comedor escolar, bajo el lema: "no queremos dar pena, queremos darles de comer”.
Desde 2013, facilitamos becas comedor a los niños y niñas que, a pesar de necesitarlas, no reciben una beca pública o solo reciben un porcentaje que no cubre todo el coste. Durante el verano, también les apoyamos con becas para que puedan participar en actividades de ocio en las que se les asegura al menos una comida completa y nutritiva.
Si quieres, y puedes, únete ahora. Dona una beca comedor Educo.
Alimentación , Alimentación infantil , beca comedor , beca comedor educo , becas educo , Comedor escolar , educación , España , Pobreza
Tu ONG de educación para la infancia
Recibe nuestra newsletter con todas las novedades.
Con las Becas Comedor Educo los niños y niñas que más lo necesitan pueden tener una comida completa al día durante el curso escolar, pero también en verano. COLABORA CON UNA BECA COMEDOR EDUCO