May repite la pregunta en voz alta, como si no pudiera creerla:
—¿Qué sentimos?
Hace una pausa. Luego canta las palabras, con incredulidad y rabia contenida:
—¿Qué sentimos?… ¿Qué quieres que sintamos?
No es fácil responder cuando lo has perdido todo. Otra vez.
May es originaria de Sour, al sur del Líbano. Durante años vivió con su familia en Dahyeh, un suburbio de Beirut donde se concentran cientos de miles de personas. Allí habían construido su vida, entre rutinas, recuerdos y pequeños momentos cotidianos.
Pero todo cambió en cuestión de segundos.
Un ataque cayó cerca de su casa. No hubo tiempo para decidir.
"Nos fuimos por la mañana, sobre las 10. No hubo tiempo para pensar. Solo cogimos algo de ropa. Todo lo demás… nuestra casa, nuestras cosas, nuestros recuerdos, lo dejamos atrás", cuenta.
El miedo sigue muy presente.
"Te sientes humillada, como si tu vida pudiera desaparecer en un segundo".
Hoy, May y cerca de 20 familiares viven en una escuela pública en Akkar, al norte del país. Como muchas otras, esta escuela se ha convertido en un refugio improvisado donde decenas de familias desplazadas duermen en aulas que ya no son aulas.
En 2024, cuando la guerra les obligó a huir anteriormente, se dirigieron al norte, a Housniyeh, en Akkar. Más tarde regresaron a Beirut, con la esperanza de que la vida pudiera volver a la normalidad.
Cuando la violencia se recrudeció de nuevo en marzo de 2026, intentaron volver a Housniyeh, pero el lugar donde se habían alojado anteriormente ya no estaba abierto.
Sin ningún otro sitio adonde ir, acabaron aquí, en la escuela donde ahora duermen en las aulas decenas de familias desplazadas.
La historia de May no es un caso aislado. Es el reflejo de una crisis que no deja de crecer.
Casi un millón de personas han tenido que desplazadas en el Líbano, muchas de ellas son familias con niños y niñas que han tenido que abandonar su hogar de forma repentina.
Detrás de cada cifra hay historias como la de May.
Niños y niñas que duermen en el suelo de una escuela.
Familias que dependen de ayuda para comer.
Niños y niñas que ven cómo su educación se interrumpe.
En Educo estamos presentes en Líbano para proteger a la infancia en contextos de emergencia como este.
Trabajamos para que, incluso en medio del conflicto, los niños y niñas sigan teniendo un espacio seguro donde aprender y sentirse protegidos. Porque la educación no puede parar.
Ofrecemos:
Espacios seguros para la infancia dentro de escuelas y refugios, donde puedan jugar, aprender y recuperar cierta normalidad.
Apoyo psicosocial, clave para niños y niñas que han vivido situaciones de miedo, pérdida o violencia.
Acceso a la educación, adaptando actividades educativas para que no pierdan el vínculo con el aprendizaje.
Distribución de ayuda básica, como kits de higiene, para aliviar la situación de las familias.
Trabajamos junto a las comunidades y con otros actores locales para responder rápido y de forma coordinada. Porque en una emergencia, cada día cuenta.
May no encuentra una respuesta clara a lo que siente.
Y quizá no la hay.
Porque hay experiencias que no caben en una frase. Ni en una cifra. Ni siquiera en una historia.
Pero sí sabemos algo: detrás de cada desplazamiento hay niños y niñas que necesita protección y estabilidad para seguir adelante.
Y ahí es donde debemos estar.
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