“Hay muchos niños que todavía tienen mucho miedo, que no saben muy bien qué hacer con eso, no saben si hablarlo o no.” Nos lo cuenta la psicóloga Paula Albert, que acompaña a los niños y las niñas participantes en las distintas actividades que desde hace un año llevamos a cabo en poblaciones afectadas por la DANA.
Talleres de resiliencia con niños, niñas y sus familias, actividades de ocio, refuerzo educativo, actividades socioeducativas y formación en derechos de la infancia. Un año después, nos preocupan los días que perdieron de clase, pero también el impacto emocional. Muchos niños y niñas viven con miedo a que se repita la catástrofe y, si no garantizamos su bienestar, es difícil que recuperen las horas lectivas perdidas.
En este sentido, estamos trabajando al lado de la población infantil y la comunidad educativa con el apoyo del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, la Plataforma del Tercer Sector y el Ministerio de Juventud e Infancia y la colaboración de empresas como TUI, Deloitte, Cognizant y Center for Disaster Philanthropy (CDP). Gracias a la presencia y el apoyo continuo “poquito a poco los niños y las niñas ven que estamos aquí para ellos, que nos pueden contar lo que necesiten y se van abriendo”, nos cuenta Paula.
El proceso de apertura más significativo ocurre dentro del grupo: “Se van abriendo incluso con el grupo, que es una de las cosas más difíciles. Con una persona aún puedo confiar, estoy recogidito, pero en el grupo también y es una cosa superbonita de ver”. La necesidad de este tipo de apoyo ya existía antes de las inundaciones, pero ahora se ha hecho evidente: “Antes de la DANA, ya me hubiese parecido muy necesario un proyecto de este tipo. Algunas de estas familias ya eran vulnerables; otras no lo eran y ahora lo son”, explica Núria Garriga, coordinadora del proyecto en Picanya.
Habilidades, refuerzo educativo y gestión emocional
Uno de los principales objetivos del proyecto es promover la comunicación y la expresión entre los niños y las niñas participantes. “A mí me gustan las actividades de deporte, teatro y habilidades sociales, que me ayudan a comunicarme mejor con los demás”, nos cuenta Valentina, de la escuela Baladre, en Picanya.
También hablamos con Olivia, otra de las alumnas participantes, que destaca el arte como herramienta de expresión: “Me gusta porque puedo aprender cómo hacer cosas que me divierten y porque me puedo expresar mejor con las otras personas”.
El apoyo para las tareas escolares es fundamental, especialmente para aquellos que tienen dificultades en casa. Mateo describe su situación: “Cuando no venía aquí me iba a casa, hacía un poco de deberes y ya me iba después con unos amigos. En casa, como los padres tienen muchas cosas que hacer, lo tenía que hacer yo solo. Y si hay algunas cosas que no entiendo, pues no sé si lo voy a poder hacer y es mejor venir aquí porque me lo pueden explicar”.
La infancia, un derecho no aplazable
“En la mayoría de las situaciones de emergencia, la infancia ha sido inicialmente olvidada o aplazada en sus necesidades. Por ello, es necesario que la educación no pare”, sentencia Daniel Berrocal, coordinador del proyecto. El esfuerzo de proyectos como este se traduce directamente en un beneficio para “el bienestar de los niños y niñas de estas poblaciones, así como en el derecho a una educación de calidad y equitativa”.
En las próximas semanas pondremos en marcha un espacio Educo en Alfafar donde ofreceremos refuerzo educativo a alumnado en situación de vulnerabilidad. Hasta ahora, han participado en nuestros distintos proyectos en Valencia más de 650 niños y niñas y alrededor de 200 personas adultas, entre familiares y profesorado.