Los primeros años de vida son decisivos para el desarrollo de cualquier niño o niña. Sin embargo, cuando una familia vive en un contexto de pobreza o crisis humanitaria, ofrecer ese entorno seguro y estimulante resulta mucho más difícil. En esos casos, la educación infantil se convierte en mucho más que un espacio para aprender: protege, acompaña y devuelve a la infancia el derecho a ser infancia.
En este artículo descubrirás por qué la educación en la primera infancia es clave para el desarrollo de niños y niñas, cómo ayuda a prevenir riesgos como el aislamiento o el uso excesivo de pantallas y conocerás la historia de Azlan, un niño de Bangladesh que recuperó las ganas de jugar gracias a un centro educativo de Educo.
Entre los 0 y los 6 años, el cerebro desarrolla cerca del 90 % de sus conexiones neuronales. Durante este periodo, el juego, la interacción con otras personas y la exploración del entorno son fundamentales para desarrollar habilidades cognitivas, emocionales y sociales. Invertir en educación infantil tiene un impacto directo en el aprendizaje, la salud y el bienestar durante toda la vida.
Pero no todos los niños y niñas tienen las mismas oportunidades para crecer en un entorno protector.
En el campo de refugiados de Cox's Bazar, en Bangladesh, donde viven cerca de un millón de personas refugiadas rohinyás junto a las comunidades de acogida, muchas familias afrontan cada día enormes dificultades económicas y sociales. La falta de oportunidades, el trabajo precario de los padres y madres o los riesgos de protección afectan directamente a la infancia. Entre ellos, el abandono, la violencia, el trabajo infantil o el aislamiento son algunos de los más frecuentes.
Azlan tiene cuatro años y vive con su familia en una comunidad de acogida de Cox's Bazar. Como ocurre en muchos hogares donde los adultos pasan largas jornadas fuera trabajando, el teléfono móvil acabó ocupando un lugar demasiado importante en su día a día.
Su madre recuerda aquella etapa con preocupación: "Hubo un momento en el que Azlan no podía comer, dormir ni tranquilizarse sin un teléfono móvil. Nos preocupaba sentir que estaba perdiendo su infancia, pero no sabíamos cómo ayudarle".
Poco a poco, esa dependencia empezó a afectar a su comportamiento, su capacidad de atención y su desarrollo. La situación de Azlan no era única. Muchas familias compartían el mismo problema mientras intentaban conciliar el cuidado de sus hijos e hijas con trabajos diarios muy precarios.
Todo cambió cuando Azlan comenzó a asistir al centro de educación infantil Ekti Prottyasha, impulsado por nuestra ONG Educo junto a organizaciones locales e internacionales dentro del proyecto Learning for Future.
Cada día encontraba un espacio seguro donde cantar, escuchar cuentos, jugar, correr, dibujar y compartir tiempo con otros niños y niñas de su edad.
Al principio apenas quería separarse de su madre. Asistía a las actividades sentado en su regazo. Sin embargo, pocas semanas después empezó a integrarse en los juegos, participar en las dinámicas del aula y relacionarse con sus compañeros.
Su madre explica el cambio que observó: "Las actividades del centro están pensadas para que los niños aprendan jugando y desarrollen todas sus capacidades. Gracias a ellas, Azlan empezó a relacionarse con otros niños y poco a poco dejó atrás su dependencia del teléfono móvil".
Lo que parecía un pequeño cambio escondía una gran transformación: Azlan recuperó la curiosidad, las ganas de jugar y la confianza para descubrir el mundo que le rodea.
Cuando hablamos de educación infantil solemos pensar en letras, números o canciones. Sin embargo, su impacto va mucho más allá. Los espacios educativos ayudan a detectar situaciones de riesgo, favorecen el desarrollo emocional, fortalecen las relaciones sociales y ofrecen entornos seguros donde los niños y niñas pueden crecer protegidos.
Además, permiten que muchas familias puedan trabajar con mayor tranquilidad. La madre de Azlan lo resume así:
"Como mujer trabajadora, me siento tranquila sabiendo que mi hijo está en un lugar seguro y donde recibe apoyo. El centro me da la tranquilidad que necesito para poder trabajar sin preocuparme constantemente".
Su profesora también destaca el cambio vivido durante estos meses:
"Azlan se ha convertido en un niño alegre, activo y con muchas ganas de aprender y jugar con los demás. Espero que siga creciendo con confianza, curiosidad y felicidad durante toda su vida".
En nuestra ONG Educo creemos que la educación empieza mucho antes de aprender a leer y escribir. Empieza cuando un niño o una niña se siente seguro, juega, hace amigos, desarrolla su autoestima y descubre que puede aprender cada día algo nuevo.
Por eso impulsamos proyectos de educación y protección en contextos de emergencia como Bangladesh, donde acompañamos a niños, niñas y sus familias para que puedan seguir aprendiendo incluso en medio de una crisis prolongada.
Porque recuperar la infancia también empieza con algo tan sencillo —y tan importante— como volver a jugar.
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