Una niña de tres años toca instrumentos musicales, descubre nuevas texturas y observa colores en un jardín sensorial de una comunidad de San Vicente, en El Salvador. Mientras juega, también desarrolla habilidades motoras, fortalece su lenguaje y aprende a relacionarse con otras personas. A pocos metros, varias familias participan en una dinámica donde cantar, moverse y crear forman parte del aprendizaje.
Estas escenas reflejan una realidad que a menudo olvidamos: jugar no es solo una forma de divertirse. Es una necesidad, un derecho y una poderosa herramienta educativa.
Desde Educo sabemos que la educación no empieza cuando una niña o un niño se sienta en un pupitre. Comienza mucho antes, a través de la curiosidad, la exploración y el juego. Por eso impulsamos iniciativas que colocan a la infancia en el centro y reconocen el valor del aprendizaje lúdico para el desarrollo integral.
El juego es un derecho reconocido en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño.
En El Salvador, la Ley Crecer Juntos reconoce el derecho de niñas y niños al descanso, la recreación y el juego como elementos fundamentales para su desarrollo.
El aprendizaje basado en el juego favorece el desarrollo cognitivo, emocional, físico y social durante los primeros años de vida.
Las experiencias de juego fortalecen habilidades como la creatividad, la resolución de problemas, el lenguaje y la convivencia.
En El Salvador, nuestra ONG Educo ha impulsado ya nueve jardines sensoriales en distintas comunidades para favorecer el aprendizaje a través de la exploración.
Durante años, el juego se consideró una actividad secundaria dentro de la educación. Sin embargo, la evidencia demuestra que es una de las formas más efectivas de aprendizaje en la primera infancia.
Por eso, en agosto de 2024 pusimos en marcha el proyecto El Salvador Aprende Jugando, una iniciativa que busca demostrar el potencial del juego para mejorar el aprendizaje, favorecer transiciones escolares más inclusivas y generar entornos educativos más cercanos a las necesidades de niñas y niños.
La propuesta se basa en una metodología que hemos desarrollado y fortalecido durante más de una década y que busca acompañar a la primera infancia mediante un enfoque integral que involucra a familias, comunidades, educadores e instituciones.
Entre las actividades que forman parte de esta metodología destacan:
Jardines sensoriales.
Salas de lectura.
Bolsas mágicas de lectura.
Círculos de familia.
Juegos colaborativos.
Canciones y dinámicas de movimiento.
Experiencias de aprendizaje comunitario.
Los cambios que genera esta forma de aprender se perciben en el día a día de muchas familias. Una madre participante de un círculo de familia en La Libertad Costa explica:
"La herramienta del juego le ha servido muchísimo a mi bebé, porque lo ha estimulado bastante. Ahora él mueve más sus manitas, sus piernitas, busca los juguetes, busca sonidos"...
Otra madre de San Vicente destaca cómo el juego ha ayudado al desarrollo de su hijo:
"Para mí, el juego ha significado una herramienta muy importante para el desarrollo cognitivo y socioemocional de mi niño. Él ha aprendido de las emociones, las partes del cuerpo y a relacionarse con otros niños, todo a través del juego."
Estos testimonios reflejan algo que vemos cada día: cuando la infancia dispone de espacios seguros para jugar, también encuentra oportunidades para aprender, expresarse y crecer.
Uno de los ejemplos más visibles de esta metodología son los jardines sensoriales. Se trata de espacios diseñados para que niñas y niños exploren sonidos, colores, texturas, aromas y elementos naturales. Cada experiencia estimula su curiosidad y favorece aprendizajes que nacen del descubrimiento.
Hasta ahora, hemos impulsado nueve jardines sensoriales en comunidades de San Miguel, Sonsonate, Usulután, San Vicente y La Libertad Costa. Más allá de la infraestructura, estos espacios representan lugares seguros donde la infancia puede sentirse escuchada, respetada y libre para aprender jugando.
En Educo creemos que innovar también implica demostrar qué funciona. Por eso, junto con la Universidad Pedagógica de El Salvador y FUSALMO, hemos impulsado investigaciones para analizar el impacto de los espacios de aprendizaje basados en el juego.
Los estudios muestran que los entornos lúdicos favorecen aprendizajes más significativos, fortalecen las habilidades socioemocionales y aumentan la participación de niñas y niños en procesos educativos más inclusivos y seguros. También evidencian cambios positivos en las prácticas de crianza y en la implicación de las comunidades.
Esta información resulta clave para impulsar políticas públicas que sitúen a la primera infancia como una prioridad y reconozcan el valor del juego dentro de los sistemas educativos.
Cuando una niña explora un jardín sensorial, cuando una familia comparte un cuento o cuando un grupo de niños aprende una canción, están ocurriendo muchas más cosas de las que parecen a simple vista.
Se crean vínculos y se generan oportunidades que pueden marcar toda una vida.
En Educo trabajamos para que cada vez más niñas y niños tengan acceso a espacios seguros donde aprender desde la curiosidad, la creatividad y la participación. Porque la educación no solo ocurre en las aulas. También nace en cada juego, en cada pregunta y en cada descubrimiento.
Porque cuando un niño o una niña juega, también aprende. Y cuando aprende, rompe el círculo de la pobreza.
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