Del dicho al hecho hay un largo trecho

Del dicho al hecho hay un largo trecho

junio 30, 2026

Este refrán popular, que tantas veces nos acompaña en la vida cotidiana, resuena con especial fuerza cuando escuchamos a niñas y niños andaluces lo que significa para ellos sentirse protegidos frente a cualquier tipo de violencia. En los últimos años, Andalucía ha avanzado en la puesta en marcha en el territorio de un marco normativo pionero, la Ley de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia en España (LOPIVI), que nació en 2021 con una ambición noble y necesaria: garantizar que cada niño, niña y adolescente crezca libre de violencia. Sin embargo, la ley, por sí sola, no protege.

Desde Educo, tras año y medio de investigación comparada entre Andalucía y El Salvador, con el apoyo de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, hemos querido ir más allá de la letra de la ley para entender cómo se vive realmente en el día a día. Hemos hablado con más de setenta niños, niñas y adolescentes, y con decenas de profesionales —fiscales, pediatras, personal de servicios sociales y educación— para pulsar qué está ocurriendo en nuestros parques, calles y centros educativos, deportivos y de ocio.

El resultado de esta investigación es el informe que presentamos, Del derecho escrito al derecho vivido. Cuando la ley no basta: la infancia frente a la violencia en Andalucía y El Salvador, y el hallazgo que contiene es revelador: existe una brecha preocupante entre lo que se plasma en el papel y cómo esto se ejecuta en la realidad de niñas y niños. Mientras que el marco legal es valorado positivamente, su implementación es todavía irregular, desigual y, en muchos casos, invisible para sus propios destinatarios.

Para los chicos y chicas con los que hemos trabajado, la seguridad no es un protocolo ni un sistema complejo de notificación; la seguridad se construye en la proximidad y en la confianza. Cuando un niño o una niña vive una situación de riesgo, no piensa en la LOPIVI ni en el coordinador de bienestar de su centro; busca a su madre, a su docente o a su grupo de iguales. Si el sistema institucional no es capaz de entrar en esa red de confianza, seguiremos siendo testigos de una protección que llega tarde o que, peor aún, revictimiza.

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Uno de los puntos críticos que hemos detectado es la invisibilidad de los mecanismos institucionales. Los niños, niñas y adolescentes desconocen las herramientas que el Estado ha puesto a su servicio. Además, la formación de los profesionales que deben aplicar estas leyes sigue siendo, demasiadas veces, una cuestión de voluntad individual y no una obligación sistemática y acreditada. No podemos permitir que la protección de nuestros menores dependa de la suerte o del compromiso de una persona concreta en un momento dado; necesitamos protocolos de coordinación interinstitucional robustos que funcionen por encima de las rotaciones de personal o los colores políticos.

La infancia debe ser, de una vez por todas, una prioridad política real y no solo un titular de prensa. Esto implica dotar de recursos humanos y materiales a los servicios sociales y educativos, pero también exige un cambio cultural profundo: pasar de ver a los menores como objetos pasivos de protección a reconocerlos como titulares de derechos activos cuya voz debe ser vinculante en las políticas que afectan a su vida.

Nuestra investigación nos muestra que no hay soluciones mágicas, pero sí caminos claros. La coordinación entre áreas —Salud, Educación, Inclusión Social, Fiscalía de Menores, Cultura y Deporte— debe dejar de ser una suma de silos estancos para convertirse en un ecosistema integrado que valide y acompañe.

La protección integral frente a la violencia no es una tarea técnica, es un compromiso ético con la sociedad que queremos ser. Las leyes nos dan el paraguas, pero es la voluntad política y la implicación de toda la comunidad lo que evita que nos mojemos bajo la lluvia de la indiferencia. Es hora de cerrar la brecha. Es hora de convertir el derecho escrito en una realidad vivida, presente en cada parque, en cada aula y en cada hogar andaluz. Nuestros niños y niñas no pueden esperar.



España , Infancia , LOPIVI , protección , Salvador

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