Los incendios forestales dejan imágenes de bosques calcinados, viviendas destruidas y miles de personas evacuadas. Sin embargo, hay otra consecuencia que pasa mucho más desapercibida: el impacto emocional que sufren los niños, niñas y adolescentes.
En este artículo explicamos cómo viven este tipo de emergencias, qué señales pueden indicar que necesitan apoyo y por qué la atención psicosocial debe formar parte de la respuesta desde el primer momento, incluso cuando las llamas ya se han extinguido.
En España, los incendios forestales provocan cada año miles de evacuaciones y afectan a numerosos municipios, especialmente durante el verano. Fuente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
Después de una emergencia, los niños y niñas pueden manifestar estrés mediante cambios de comportamiento, problemas para dormir, ansiedad o dificultades para concentrarse, incluso semanas o meses después. Fuente: UNICEF y Organización Mundial de la Salud (OMS).
Contar con espacios seguros donde puedan jugar, recuperar rutinas y expresar lo que sienten ayuda a reducir el impacto psicológico de las emergencias. Fuente: UNICEF.
Cuando pensamos en un gran incendio solemos imaginar llamas, humo y daños materiales. Sin embargo, para miles de niños y niñas la emergencia continúa mucho después de que el fuego desaparezca.
Las evacuaciones precipitadas, el miedo, la incertidumbre sobre el futuro, la pérdida del hogar o la separación temporal de personas de referencia pueden alterar profundamente su sensación de seguridad. Aunque muchas veces no expresan con palabras lo que sienten, eso no significa que no estén sufriendo.
Desde nuestra ONG Educo sabemos, por nuestra experiencia en emergencias en distintos países y también en España, que proteger a la infancia significa mucho más que ponerla a salvo físicamente. También implica cuidar su bienestar emocional.
Hemos trabajado junto a niños y niñas afectados por la erupción del volcán de La Palma y seguimos acompañando a quienes sufrieron las consecuencias de la DANA en Valencia. Estas experiencias nos han demostrado que la recuperación emocional necesita tiempo, recursos y profesionales especializados.
Cada niño o niña reacciona de forma diferente. Algunos muestran su malestar inmediatamente, mientras que otros lo hacen semanas después.
Entre las señales más habituales se encuentran:
Dificultades para dormir o pesadillas.
Irritabilidad o cambios bruscos de humor.
Ansiedad o miedo a quedarse solos.
Problemas para concentrarse.
Retrocesos en conductas ya superadas, como volver a hacerse pis en la cama.
Tristeza o preocupación constante.
Estas reacciones son normales después de vivir una situación traumática. Sin embargo, si se mantienen en el tiempo o interfieren en su vida diaria, es importante contar con apoyo profesional.
Como recuerda nuestra directora general, Pilar Orenes, los niños y niñas son resilientes, pero la resiliencia no aparece por sí sola. Necesitan adultos que les acompañen, les escuchen y les ayuden a comprender lo que han vivido.
Las familias desempeñan un papel fundamental durante y después de una emergencia. No siempre es fácil encontrar las palabras adecuadas, pero algunos gestos pueden marcar la diferencia.
Habla con sinceridad. Explica lo ocurrido con un lenguaje adaptado a su edad y responde a sus preguntas sin ocultar la realidad ni generar más miedo.
Escucha sin juzgar. Permite que expresen tristeza, enfado o miedo sin restar importancia a sus emociones.
Limita la exposición a imágenes impactantes. Ver constantemente noticias o vídeos de los incendios puede aumentar su ansiedad.
Recupera las rutinas cuanto antes. Comer, dormir, jugar y volver a actividades habituales ayuda a que recuperen sensación de seguridad.
Transmite calma. Los niños y niñas observan cómo reaccionan las personas adultas. Una actitud tranquila les ayuda a sentirse protegidos.
Busca ayuda si es necesario. Si las dificultades emocionales persisten, es importante acudir a profesionales especializados.
En las primeras horas de una emergencia toda la atención se centra, con razón, en proteger a las personas y garantizar su seguridad. Sin embargo, la recuperación no termina cuando desaparece el peligro inmediato.
Por eso, desde nuestra ONG Educo defendemos que la atención psicosocial forme parte de la respuesta desde el primer momento y continúe durante todo el proceso de recuperación. También reclamamos que la infancia ocupe un lugar prioritario en los planes de prevención y gestión de desastres. Esto implica:
Disponer de profesionales especializados.
Crear espacios seguros donde los niños y niñas puedan jugar y expresarse.
Ofrecer apoyo emocional a las familias
Y recoger datos desglosados sobre la infancia afectada para adaptar mejor las medidas a sus necesidades.
Las emergencias afectan de manera diferente a cada persona, pero la infancia siempre necesita una protección específica. Cuando ponemos en el centro su bienestar emocional, no solo ayudamos a superar el trauma, también contribuimos a que puedan recuperar la confianza, sentirse seguros de nuevo y afrontar el futuro con más herramientas.
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