Vive en Barcelona y, como muchas otras madres, sostiene sola su hogar con un trabajo precario y horarios imposibles. Su rutina es una carrera constante entre el trabajo, la escuela y el cuidado de sus hijos, con una preocupación de fondo que no desaparece: cómo llegar a todo. Durante mucho tiempo, no pudo elegir. Entre trabajar o cuidar, entre pagar o alimentar, entre un hijo y otro. Hasta que una beca cambió, al menos un poco, el equilibrio de su vida.
He tenido que tomar decisiones que ninguna madre quiere tomar. Decidir cuál de mis hijos puede ir a una actividad y cuál se queda en casa. Ver al mayor triste porque quiere estar con sus amigos, ir a la piscina, jugar… y no poder pagarle ese espacio. Eso duele.
Por eso, cuando llegó la beca comedor, para mí fue un antes y un después. No es solo que mis hijos coman. Es que me permite trabajar. Antes tenía que ir y venir del colegio varias veces al día. No podía buscar empleo porque el tiempo no me daba. Era como estar todo el día en la escuela con ellos. Cuando me dieron la beca, sentí que por fin podía respirar.
Mis hijos están bien allí. Comen mejor, prueban cosas nuevas que en casa no comemos, y aprenden a convivir. Mi hijo pequeño, por ejemplo, descubrió las croquetas y le encantan. Son detalles pequeños, pero para mí significan mucho.
El problema llega cuando se acaba el curso. En verano todo se complica. Yo no tengo vacaciones. Tengo que seguir trabajando, con o sin beca. Y entonces vuelve la pregunta: ¿qué hago con mis hijos? No puedo llevarlos al trabajo. No puedo dejarlos solos. El pequeño ha venido conmigo muchas veces. El mayor se queda en casa, solo, sin que yo pueda saber si está bien. Eso me preocupa muchísimo.


A veces pienso en todo lo que hemos pasado para llegar hasta aquí. Hubo momentos muy duros, de no saber qué iba a hacer al día siguiente. Pero salí adelante.
Por eso digo que la beca comedor no es una ayuda más. Es parte de mi vida. Es lo que me ha permitido sostenerme, trabajar y cuidar de mis hijos. Sin ella, todo sería mucho más difícil. Con ella, al menos, sé que vamos un poco más tranquilos.
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