En todo el Líbano, la crisis en curso está alterando la vida cotidiana de miles de familias —más de 1,5 millones de niños y niñas necesitan ayuda humanitaria y 300.000 han tenido que abandonar sus hogares a causa de la guerra—, y el acceso de los niños y niñas a la educación es una de las muchas cosas que se están viendo afectadas.
La inseguridad y el desplazamiento masivo ha hecho que muchas escuelas hayan tenido que suspender las clases presenciales y se hayan pasado a las clases en línea, dejando a miles de niños, niñas y adolescentes sin la protección que les brindan los centros educativos. La educación ha pasado a formato online, pero no funciona para todos. Para muchas familias, continuar con la educación no consiste solo en conectarse a un aula virtual.
"Cuando las escuelas cierran por una emergencia, la educación online parece la solución obvia, pero en el Líbano la realidad es muy distinta: en muchos hogares no tienen dispositivos, la electricidad es irregular y la conectividad falla, con lo cual es una solución muy discriminatoria”, nos explica Damien Marquet, responsable de la respuesta humanitaria de nuestra ONG Educo en el país.
La crisis económica ha provocado que muchas familias no puedan cubrir necesidades básicas como la alimentación, y esto afecta directamente al desarrollo infantil y al rendimiento escolar. Sin una alimentación adecuada, aprender resulta mucho más difícil.
Nancy es profesora y madre de tres hijos. Ella y su familia tuvieron que abandonar su hogar debido a la escalada de la violencia. Ahora viven en una casa pequeña compartida por varias familias: doce niños bajo el mismo techo.
Antes de que la guerra se intensificara, Nancy daba una gran importancia a la educación de sus hijos. Supervisaba sus tareas escolares, los apoyaba cuando necesitaban ayuda con los deberes y los animaba a aprovechar cada oportunidad de aprendizaje.
Ahora, esas rutinas son mucho más difíciles de mantener. Con tantos niños compartiendo un mismo espacio, las clases online se han convertido en un desafío diario. Varios niños intentan conectarse a sus clases al mismo tiempo, con un solo teléfono o tableta y compartiendo un espacio abarrotado.
“Les resulta muy difícil concentrarse”, explica Nancy. “A veces literalmente les pido a mis hijos que no se conecten a las clases online porque sé que no van a poder concentrarse. Y con tantos niños en la misma habitación, todos hablando al mismo tiempo, llega a ser abrumador”.
Además, el impacto emocional es profundo. Los niños y niñas encadenan crisis desde hace años y el resultado es una infancia agotada: "Detrás de esta situación hay docentes desbordados que se adaptan en tiempo récord, y niños y niñas emocionalmente agotados que llevan años estudiando entre crisis (guerra, colapso económico, COVID…). Cada nueva interrupción agranda una brecha educativa que ya era alarmante, y el riesgo real es que acabe convirtiéndose en una herida generacional”, explica nuestro compañero en terreno.
En nuestra ONG Educo actuamos junto a nuestra socia local Basmeh & Zeitooneh, presente en el país desde 2012, acompañando a más de 200 niños, niñas y adolescentes, muchos de ellos de comunidades refugiadas sirias.
Nuestro trabajo ahora se centra en:
Entregar alimentos y productos básicos a las familias desplazadas.
Proporcionar kits de higiene y artículos esenciales.
Crear espacios seguros donde los niños puedan sentirse protegidos.
Ofrecer apoyo emocional y educativo para ayudarles a afrontar esta situación.
También hemos reforzado nuestra respuesta en salud mental, apoyo psicosocial y salvaguarda, ofreciendo:
Primeros auxilios psicológicos.
Atención especializada a más de 170 niños, niñas y adolescentes.
“Los programas se han adaptado para ir más allá de los contenidos académicos ya que los niños y niñas en situación de emergencia necesitan tanto apoyo emocional como educativo”, explica Damien. “Ahora incluyen aprendizaje socioemocional, gestión del estrés y herramientas de resiliencia”.
El programa incluye apoyo específico para casos de violencia de género, con orientación psicológica y acompañamiento a mujeres, niñas y familias en situación de riesgo. Las emergencias y los desplazamientos forzados agravan de forma significativa este riesgo: el hacinamiento, la pérdida de redes de apoyo y la ruptura de las estructuras comunitarias crean condiciones en las que la violencia de género aumenta de manera alarmante, dejando a mujeres y niñas especialmente expuestas.
Ahora la alternativa es aprender online, pero sabemos que no basta porque no puede sustituir el papel protector de la escuela como espacio seguro, de socialización y de estabilidad para la infancia.
Tu apoyo permite garantizar acceso a educación, alimentación y espacios seguros para la infancia afectada. Donar a onegés como nuestra ONG Educo marca la diferencia en contextos de crisis. DONA AHORA
También puedes compartir información o sensibilizar a tu entorno.
Cada acción suma.
Desde nuestra ONG Educo lo tenemos claro: proteger a la infancia es urgente. Porque cuando la escuela desaparece, no solo se pierde aprendizaje.
Se pierde la protección.
Se pierde la estabilidad.
Y se pierde el futuro.
Y eso no lo podemos permitir.
Si puedes, DONA AHORA.
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