Las altas temperaturas que han marcado el final de este curso escolar han vuelto a poner en evidencia una realidad cada vez más preocupante: la crisis climática también afecta a la educación.
En este artículo encontrarás información sobre cómo la crisis climática está impactando en las escuelas españolas, qué riesgos afrontan actualmente miles de estudiantes, por qué la educación debe formar parte de las estrategias de adaptación climática y qué medidas pueden ayudar a construir centros educativos más seguros y resilientes.
España acaba de registrar el segundo mes de mayo más caluroso desde que existen registros meteorológicos.
Más de 1.000 centros educativos españoles están ubicados en zonas inundables, según el Observatorio de Sostenibilidad.
El Ministerio para la Transición Ecológica ha identificado 141 riesgos climáticos que afectan al país.
Cada euro invertido en prevención puede generar entre 2 y 10 euros de retorno, según datos del Banco Mundial.
Cuando hablamos de cambio climático solemos pensar en incendios forestales, sequías o inundaciones. Sin embargo, existe una consecuencia menos visible que afecta directamente a millones de niños y niñas: las dificultades para acceder a una educación de calidad en entornos seguros.
Aulas que superan los límites recomendados de temperatura, centros dañados por inundaciones o clases suspendidas por fenómenos meteorológicos extremos son situaciones que ya forman parte del día a día de miles de niños y niñas.
Ante este escenario, y tras un análisis profundo de la situación que recogemos en nuestro nuevo informe Escuelas Seguras: una hoja de ruta para España desde nuestra ONG Educo reclamamos la puesta en marcha de un Plan Nacional de Escuelas Seguras que proteja a la infancia y garantice la continuidad educativa frente a las emergencias climáticas.
Las olas de calor cada vez más frecuentes afectan a la concentración, el bienestar y el rendimiento académico. Las lluvias torrenciales provocan cierres temporales de escuelas. Las inundaciones dañan edificios, materiales y equipamientos. Todo ello tiene un impacto directo en el aprendizaje y en la vida cotidiana de las familias.
Además, las consecuencias no son únicamente académicas. Las emergencias climáticas también generan incertidumbre, estrés y preocupación en la infancia. Cuando una escuela cierra, los niños y niñas no solo pierden horas lectivas: también dejan de acceder a un espacio de protección, acompañamiento y bienestar.
La DANA que afectó a distintas zonas de España puso de manifiesto hasta qué punto una emergencia climática puede alterar la vida escolar.
Muchos centros educativos sufrieron daños importantes y miles de estudiantes vieron interrumpidas sus clases durante semanas. Según una encuesta realizada por Educo, el alumnado perdió cerca de un mes de aprendizaje presencial. A ello se sumó el impacto emocional provocado por la emergencia y sus consecuencias en la vida familiar y comunitaria.
La experiencia demuestra que la recuperación educativa no termina cuando desaparece la emergencia. Recuperar las rutinas, reforzar los aprendizajes y acompañar emocionalmente a la infancia requiere tiempo y recursos.
España es uno de los países europeos más expuestos a los efectos del cambio climático. Las previsiones apuntan a que fenómenos como las olas de calor, las lluvias torrenciales, los incendios forestales o los episodios meteorológicos extremos serán cada vez más frecuentes.
Sin embargo, actualmente no existe un plan nacional que coordine de forma integral la preparación de los centros educativos frente a estos riesgos.
Desde nuestra ONG Educo consideramos que las medidas anunciadas hasta ahora, como la climatización de centros o algunas iniciativas de formación, son positivas, pero insuficientes para responder a un desafío de esta magnitud. La seguridad escolar requiere una visión más amplia que contemple la prevención, la protección, la preparación y la continuidad educativa.
Una escuela segura es aquella que puede seguir protegiendo y educando a su alumnado incluso en situaciones de emergencia.
Esto implica contar con infraestructuras adaptadas a los riesgos climáticos, protocolos de actuación claros, formación específica para la comunidad educativa y planes que garanticen la continuidad de las clases cuando se produce una interrupción.
A nivel internacional existe una referencia consolidada: el Marco Integral de Seguridad Escolar 2022-2030, promovido por la Alianza Global para la Reducción del Riesgo de Desastres y la Resiliencia en el Sector de la Educación. Este modelo apuesta por escuelas capaces de anticiparse a los riesgos y responder de forma eficaz ante cualquier emergencia.
Para avanzar hacia escuelas más seguras y resilientes proponemos varias acciones prioritarias:
Es necesario adaptar los centros escolares a las nuevas condiciones climáticas mediante sistemas de climatización adecuados, espacios de sombra, mejoras en el aislamiento térmico y actuaciones específicas en las zonas con mayor riesgo.
Profesorado, alumnado y familias necesitan herramientas para identificar riesgos, prevenir situaciones de peligro y actuar correctamente durante una emergencia.
Cada escuela debería contar con protocolos adaptados a su realidad, identificando los riesgos de su entorno y definiendo cómo actuar ante ellos.
Las administraciones públicas deben asegurar que los niños y niñas puedan seguir aprendiendo incluso cuando las clases presenciales se interrumpen temporalmente.
Actualmente España no dispone de un registro público que permita conocer cuántas interrupciones educativas están relacionadas con fenómenos climáticos. Contar con esta información es fundamental para diseñar políticas eficaces.
Preparar las escuelas para afrontar la crisis climática no es solo una cuestión educativa. También es una decisión económica inteligente.
Según el Banco Mundial, las pérdidas provocadas por una catástrofe pueden situarse entre el 7 % y el 17 % del PIB, mientras que cada euro invertido en prevención puede generar entre dos y diez euros de retorno.
Pero el principal beneficio no puede medirse únicamente en cifras.
Cuando una escuela está preparada, niños y niñas mantienen su acceso a la educación, conservan sus rutinas y cuentan con un espacio seguro que les ayuda a afrontar momentos difíciles.
Las emergencias climáticas ya forman parte de nuestro presente. Por eso necesitamos actuar ahora: FIRMA AHORA. Porque proteger las escuelas es proteger derechos. Porque una educación segura reduce desigualdades. Y porque garantizar que la educación continúe, pase lo que pase, es una de las mejores formas de cuidar el futuro de la infancia.
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